Rusia y la Organización de Naciones Unidas
Rusia sucedió en el puesto de la Unión Soviética,
incluida su membresía permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU después
de la disolución de la Unión Soviética en 1991. Once de los doce miembros de la
Comunidad de Estados Independientes (CEI) firmaron una declaración el 21 de Diciembre
de 1991, acordando que “los Estados miembros de la Mancomunidad apoyan a Rusia
para hacerse cargo de la membresía de la URSS en la ONU, incluida la membresía
permanente en el Consejo de Seguridad”. Un día antes de la renuncia del
presidente soviético Mikhail Gorbachov, el embajador Yuliy Vorontsov remitió al
secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, una carta del presidente
ruso, Boris Yeltsin, en la que decía: “La Federación de Rusia (RSFSR) continúa
siendo miembro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en las Naciones
Unidas, incluido el Consejo de Seguridad y todos los demás órganos y
organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, con el apoyo de los países
de la Comunidad de Estados Independientes. A este respecto, solicito que se
utilice en las Naciones Unidas el nombre “Federación de Rusia” en lugar del
nombre “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”. La Federación de Rusia
mantiene la plena responsabilidad de todos los derechos y obligaciones de la
URSS en virtud de la Carta de las Naciones Unidas, incluidas las obligaciones
financieras. Le solicito que considere esta carta como una confirmación de las
credenciales para representar a la Federación de Rusia en los órganos de las
Naciones Unidas para todas las personas que actualmente ostentan las
credenciales de representantes de la URSS ante las Naciones Unidas”.
El Secretario General circuló la solicitud entre
los miembros de la ONU. Como no hubo mayores objeciones, la Federación de Rusia
ocupó el lugar de la URSS. El 31 de Enero de 1992, el presidente Yeltsin tomó
personalmente el asiento de Rusia en la reunión del Consejo de Seguridad.
El papel y las políticas de Rusia en la ONU en la
era posterior a la Guerra Fría es un tema bastante controvertido en la
erudición actual. Un grupo de investigadores (Nicolai N. Petro, Alvin Z.
Rubinstein, Vladimir F. Zaemsky, Yelena Belenkova, Alexander Kalyadin, Valerie
Pacer) cree que Rusia se toma en serio el papel de la ONU en la política
mundial, la considera la organización internacional más importante que ayuda a
hacer del mundo un lugar mejor y más seguro, y considera a la ONU como una
prioridad importante de la política exterior de Moscú.
Por otro lado, hay autores (Bobo Lo, Fraser
Cameron, Ingmar Oldberg, Richard Gowan, Inna Shevchenko, Aglaya Snetkov y Marc
Lanteigne) que opinan que el principio de la ONU del Kremlin no era un ideal
abstracto al que Rusia tuviera un apego emocional o incluso intelectual
particular, sino un instrumento para ser utilizado selectivamente para promover
objetivos políticos específicos. En la década de 1990, este enfoque fue una
respuesta lógica a la disminución de la importancia de Rusia en el mundo
posterior a la Guerra Fría y, al mismo tiempo, una herramienta eficaz para
restringir el poder de Estados Unidos en el mundo unipolar. Según esta escuela,
actualmente, la línea de primacía de la ONU de Moscú tiene como objetivo
determinar el estatus de gran potencia de Rusia, promover sus ambiciones
globales y prevenir cualquier movimiento antirruso de sus oponentes políticos.
Este artículo tiene como objetivo examinar las
siguientes preguntas de investigación:
– ¿Cómo se puede explicar el comportamiento
organizativo de Rusia en la ONU?; ¿Rusia se guía principalmente por los
intereses nacionales tal como los ve o por preocupaciones globales y regionales
más amplias, o ambas?.
– ¿Qué papel ha jugado la ONU en la política
exterior general de Rusia en relación con otras organizaciones regionales y
globales?.
– ¿Cuál ha sido el historial de membresía de Rusia
en la ONU deDSe el final de la Guerra Fría?; ¿Cómo ha evolucionado el papel de
Rusia?; ¿Cuáles han sido algunos de los principales problemas, acuerdos y
desacuerdos?.
– ¿Ha sido este un récord de éxito, fracaso o una
bolsa mixta?; ¿Rusia ha aceptado las reglas tal como están o ha intentado
cambiarlas o violarlas?.
– ¿Qué preguntas y temas futuros es probable que
surjan en las relaciones de Rusia con la ONU, incluida la muy discutida reforma
de esta organización?.
La ONU en el
sistema de prioridades de la política exterior de Rusia
Para Moscú, la ONU sigue siendo la institución
clave para regular las relaciones internacionales, lo que se puede rastrear en
todos los documentos de política exterior de Rusia y en los tratados y
declaraciones multilaterales y bilaterales. DeDSe el punto de vista de Rusia,
la ONU sigue siendo un formato universal único para la interacción de los Estados
del mundo. Esta organización tiene un potencial considerable para mantener la
paz y la seguridad internacionales y ofrece a todos los Estados los mismos
derechos para defender sus intereses nacionales. La ONU es la base de un orden
mundial democrático que Rusia defiende públicamente.
Por ejemplo, la ONU se menciona muchas veces en el
concepto de política exterior de Rusia de 2016. En particular, su primacía en
las relaciones internacionales se destaca en las secciones sobre las
prioridades de la política exterior de Moscú como la más importante
(subcapítulos “Configuración de un orden mundial justo y sostenible” y
“Supremacía del derecho internacional en las relaciones internacionales”). El
documento enfatiza: “La ONU, que demostró su indispensabilidad y legitimidad
internacional, seguirá siendo una pieza central de la regulación y coordinación
de políticas mundiales del siglo XXI”.
Según el ministro de Relaciones Exteriores de
Rusia, Sergei Lavrov: “En primer lugar, la legitimidad de las Naciones Unidas
es única. Es el único mecanismo de cooperación internacional que se basa en una
base sólida de derecho internacional y cubre todas las esferas del quehacer
humano sin excepción: político-militar, seguridad, resolución de conflictos,
desarrollo de la cooperación económica y humanitaria y una función más
importante: modernización del derecho internacional”.
En primer lugar, el Kremlin ve a la ONU como la
columna vertebral del sistema de seguridad global. El Consejo de Seguridad de
la ONU (así como algunos otros órganos especializados de la ONU) es una
plataforma principal para la prevención, gestión y resolución de conflictos.
Con raras excepciones (como algunos conflictos en el espacio postsoviético),
Moscú insiste en la participación de la ONU en la diplomacia preventiva, la
gestión de crisis, el establecimiento de la paz y la consolidación de la paz
después del conflicto. Esto se explica por las capacidades únicas de la ONU,
incluida su legitimidad y autoridad internacionales indiscutibles, así como por
sus recursos organizativos y financieros.
Como parte de sus intentos de aumentar su papel a
nivel internacional y como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la
ONU, Rusia se presenta como un guardián de la seguridad internacional. Exige
que se busque su opinión y se respete su posición en tiempos de crisis. Según
el ministro Lavrov, el veto de la ONU es un instrumento importante para evitar
los errores de la Liga de las Naciones, la precursora de la ONU, que sugiere
“colapsó debido a la ignorancia de los intereses de los Estados más grandes”.
En este sentido, Rusia ve su veto de la ONU como un privilegio especial que le
otorga un papel importante a nivel internacional.
En lo que se refiere a los aspectos militares de la
seguridad internacional, el Kremlin también valora el papel de la ONU en el
desarrollo del control de armas y el proceso de desarme, y en el
mantenimiento/supervisión de los regímenes pertinentes. En particular, Rusia
está a favor de la cooperación internacional para fortalecer los regímenes de
desarme y control de armas creados por la ONU, como el Tratado de No
Proliferación Nuclear de 1968, la Convención sobre la Prohibición de las Armas
Bacteriológicas (Biológicas) de 1971, la Convención sobre la Prohibición y la
Utilización de Armas Químicas de 1993 y el Tratado de Prohibición Completa de
Ensayos Nucleares de 1996.
Moscú también tiende a usar su asiento en el
Consejo de Seguridad de la ONU para contrarrestar los intentos de Estados
Unidos de dominar la política mundial. DeDSe principios de la década de 1990,
Rusia ha tratado de utilizar el Consejo para contener la “unipolaridad” de EE.UU.
y las supuestas pretensiones de Washington al papel de árbitro supremo que
pretendía suplantar a la ONU en esta área. El gran atractivo de la ONU para
Rusia era que difundía poder y autoridad entre un mayor número de actores
internacionales, o al menos daba la impresión de hacerlo. Hasta cierto punto,
compensó la creciente brecha entre las dos antiguas superpotencias. Por lo
tanto, era natural que Rusia insistiera en el papel continuo del Consejo de
Seguridad de la ONU en la resolución de disputas internacionales, porque este
foro era uno de los pocos en los que podía aspirar a una igualdad aproximada
con los Estados Unidos, así como reclamar el estatus de gran potencia por “derecho”
y precedente.
El Kremlin también se toma en serio el uso de la
ONU como productor y garante de normas y reglas internacionales. De acuerdo con
el concepto de política exterior rusa de 2016, la ONU debe mantener su papel de
liderazgo en el desarrollo del derecho internacional mediante la codificación
del derecho consuetudinario, la producción de nuevas normas, la eliminación de
colisiones y la interpretación adecuada de normas y principios discutibles. El
documento insiste en la necesidad de proteger el derecho internacional (en
primer lugar, la Carta de la ONU) de cualquier revisión en beneficio o interés
de ciertos Estados. Por ejemplo, Moscú se opone enérgicamente a los intentos de
algunos países occidentales de interpretar el concepto de “responsabilidad de
proteger” como un derecho a intervenir militarmente en los asuntos internos de
los Estados “canallas” y/o expulsar a los regímenes “antidemocráticos” en todo
el mundo.
Moscú cree que la ONU es indispensable para
resolver algunos problemas globales de interés mutuo para toda la humanidad.
Pueden variar deDSe el cambio climático y la degradación del medio ambiente
hasta la hambruna mundial y los problemas demográficos. En varias ocasiones, el
presidente Putin ha subrayado las ventajas de utilizar la ONU como base para
forjar una coalición antiterrorista global para resolver este problema común. A
pesar de la importancia de la ONU, el Kremlin cree que esta institución global
no puede funcionar correctamente sin la ayuda y la coordinación con otras
organizaciones internacionales: globales (Organización Mundial de Comercio,
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), regionales (p.ej.,
la OSCE, la UE, el Consejo de Europa, CEI, ASEAN, Unión Africana, etc.) y
subregionales (por ejemplo, el Consejo Ártico, el Consejo Euroártico de
Barents, la Organización de Cooperación de Shanghái, etc.). Como señala
acertadamente el ex ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Igor Ivanov: “Para
que las Naciones Unidas sean más eficaces, necesitamos organizaciones de apoyo.
La ONU no podrá hacer frente a los problemas de seguridad contemporáneos con
sus propias fuerzas. Una red interrelacionada de instituciones regionales
debería “dar un hombro” a la ONU en la creación de un nuevo régimen de
seguridad. Sin embargo, estas instituciones deberían brindar apoyo a la ONU sin
reemplazarla”. En general, Rusia no ve alternativa a la ONU, aunque Moscú reconoce
el hecho de que esta organización necesita una reforma.
Las
políticas de Rusia dentro de la ONU
Rusia intenta ser un actor responsable en la ONU.
Es el undécimo mayor contribuyente al presupuesto de las Naciones Unidas con su
participación en una escala aprobada de 2,438%. Su contribución financiera
total en 2021, según información de la misión rusa ante la ONU, ascendió a unos
325 millones de dólares, incluidas contribuciones no solo al presupuesto
ordinario, sino también a los presupuestos de las operaciones de mantenimiento
de la paz, así como a los tribunales para la ex Yugoslavia y Ruanda.
Al ser miembro permanente del Consejo de Seguridad
de la ONU, Rusia trata siempre de usar su derecho de veto. Ejerció su derecho
de veto 13 veces entre 1992 y 2013. Para comparar, en el mismo período, Estados
Unidos usó su veto 16 veces y China 8 veces, de las cuales 6 veces junto con
Rusia. Rusia ha estado utilizando recientemente su derecho de veto con más
frecuencia (cuatro veces en 2014-2015 y siete veces más entre 2016 y 2022),
debido a las crecientes tensiones con Occidente. Los temas más conflictivos se
relacionaron con los conflictos en la ex Yugoslavia, Medio Oriente (Irak, Libia
y Siria) y Ucrania.
Moscú cree que el derecho de veto siempre ha sido
crucial para salvaguardar la paz y la seguridad internacionales. Rusia
considera que las recientes propuestas británicas, francesas, polacas y
ucranianas sobre la modificación de este instrumento, destinadas a restringir
el derecho de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo, son poco
realistas y perjudiciales para la estabilidad del sistema de la ONU.
Desarrollo
sostenible
DeDSe finales de la década de 1980, la URSS/Rusia
ha contribuido al debate de la ONU sobre el desarrollo sostenible (DS). Esta discusión
se remonta al informe Brundtland de la ONU de 1987, que define el DS como
“desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la
capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.
Al igual que sus homólogos
extranjeros, los expertos rusos difieren en su interpretación del concepto DS.
Una escuela, los “economistas”, siguiendo el enfoque del informe Brundtland,
cree que DS es un patrón de uso de recursos que tiene como objetivo satisfacer
las necesidades humanas mientras se preserva el medio ambiente para que estas
necesidades puedan satisfacerse no solo en el presente, sino también para las
generaciones futuras. Para esta escuela, DS es una economía en equilibrio con
sistemas básicos de apoyo ecológico. Los “economistas” insisten en la necesidad
de preservar su frágil equilibrio ecológico mientras exploran y desarrollan los
recursos naturales de una región. Se oponen al crecimiento económico ilimitado
y piden una experiencia ecológica obligatoria para todos los proyectos de
desarrollo.
La escuela “verde”,
ambientalista, enfatiza los aspectos ecológicos de DS. Los “verdes” creen que
muchos ecosistemas del planeta son únicos y, al mismo tiempo, frágiles. Por
ello, no puede sacrificarse en aras de un desarrollo económico exitoso basado
en la explotación de los recursos naturales. Subrayan que Rusia debería evitar
la llamada “maldición de los recursos” y mantener sus ecosistemas intactos. Advierten
que si las actividades económicas en las regiones ambientalmente frágiles no se
reducen a un mínimo razonable, las implicaciones ecológicas serán catastróficas
no solo para la propia Rusia sino también para el mundo entero. Señalan, por
ejemplo, que los bosques rusos (taiga) producen una cuarta parte del oxígeno
del planeta y su sector ártico da forma no solo al clima regional sino también
global.
El tercer enfoque,
“antropológico”, se enfoca en los aspectos sociales del DS, subrayando la
necesidad de subordinar sus componentes económicos y ecológicos a las
necesidades del desarrollo humano. Por ello, sugiere concentrarse en las
“dimensiones humanas” de la estrategia de la ONU: bienestar, eliminación de la
desigualdad social, salud, educación, pueblos indígenas, procesos migratorios,
etc.
Sin embargo, desde
finales de la década de 2000, el llamado enfoque integrado de DS ha cobrado
impulso tanto en las comunidades académicas rusas como en el resto del mundo.
De acuerdo con este enfoque integrado, el DS se divide conceptualmente en tres
partes constituyentes: ambiental, económica y social. La dimensión económica de
la estrategia DS rusa tiene las siguientes prioridades: actividad económica
sostenible; uso sostenible de los recursos naturales, incluidos los vivos;
desarrollo de la infraestructura de transporte (incluido el transporte aéreo,
marítimo y de superficie), las tecnologías de la información y las
telecomunicaciones modernas.
La dimensión ambiental
de la estrategia de DS de Rusia incluye el monitoreo y la evaluación del estado
del medio ambiente; prevención y eliminación de la contaminación ambiental; conservación
de la Biodiversidad; evaluación del impacto del cambio climático, a nivel
mundial y regional, y prevención y eliminación de emergencias ecológicas,
incluidas las relacionadas con el cambio climático. Finalmente, la dimensión
social de la estrategia se centra en la salud de las personas; educación y
patrimonio cultural; prosperidad y desarrollo de capacidades para niños y
jóvenes y la mejora del bienestar y la erradicación de la pobreza.
Rusia ha apoyado y
participado vigorosamente en el desarrollo de todas las iniciativas de DS
relacionadas con la ONU, desde el Protocolo de Kioto (1997) y los informes del
Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático hasta el Código Polar de la
Organización Marítima Internacional (2014– 2015), y acuerdo de París sobre el
cambio climático (2015).
Junto con otros
miembros de la comunidad internacional, Rusia trabajó arduamente para organizar
la Cumbre de Desarrollo Sostenible de la ONU celebrada el 25 de Septiembre de
2015. El acuerdo de los 193 países miembros de la Asamblea General de la ONU
para aprobar el documento final titulado Transformando Nuestro Mundo: La Agenda
2030 para el Desarrollo Sostenible es única ya que se aplica a todos los
países. La ONU adoptó formalmente 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
con 169 metas. Estos objetivos y metas son ambiciosos, indivisibles y están
interrelacionados, y se centran en las tres dimensiones del desarrollo
sostenible: económica, social y ambiental.
Gestión de crisis, responsabilidad de proteger y
mantenimiento de la paz
Rusia cree que, con
todas sus deficiencias y contradicciones, el sistema de prevención y gestión de
conflictos de la ONU, así como el mantenimiento de la paz, basado
principalmente en los principios y mecanismos legales de la Carta de la ONU, es
un mecanismo eficaz para garantizar la seguridad internacional y el orden
mundial. En particular, Moscú insiste en que la ONU debe desempeñar un papel
fundamental en la promoción de marcos normativos para abordar cuestiones de
resolución de conflictos y mantenimiento de la paz.
Rusia desempeñó un
papel activo en la discusión del concepto de Responsabilidad de Proteger (R2P),
una de las iniciativas más controvertidas presentada en 2001 por la Comisión
Internacional sobre Intervención y Soberanía del Estado y luego respaldada por
la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Cumbre Mundial de 2005. La
R2P, a menudo descrita como una norma emergente, exige esencialmente que los Estados:
1) protejan a sus poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la
limpieza étnica y los crímenes de lesa humanidad; 2) alentar y ayudar a otros a
cumplir con su responsabilidad; y 3) tomar medidas oportunas y decisivas cuando
sea necesario y de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas para
proteger a las poblaciones de estos delitos.
R2P se basa en la idea
de que la soberanía del Estado no debe tomarse como un derecho, sino como una
responsabilidad, entendiendo que la responsabilidad más básica “para la
protección de su pueblo recae en el Estado mismo” (Comisión Internacional sobre
Intervención y Soberanía del Estado). La R2P también ha sido descrita como una
forma contemporánea de enmarcar la intervención humanitaria y un marco
innovador para la protección de los seres humanos/comunidades del abuso del
poder estatal y/o su falta de protección. Moscú, sin embargo, hizo algunas
reservas sobre este punto diciendo que la R2P no debe interpretarse como un
derecho de ciertos Estados a interferir en los asuntos internos de países con
regímenes supuestamente antidemocráticos. Según el Kremlin el principio R2P no
debe transformarse de “responsabilidad de proteger” a “derecho a castigar”.
El respaldo de la R2P
en la Cumbre Mundial de 2005 refleja una aceptación cautelosa, aunque en
esencia, de sus principios básicos: responsabilidad de prevenir,
responsabilidad de reaccionar y responsabilidad de reconstruir. Si bien en
última instancia sancionó el uso de intervenciones militares en el caso de
graves abusos de los derechos humanos que alcancen su "umbral"
designado, la R2P que surgió de la Cumbre Mundial puso más énfasis en la
importancia de promover una cultura de prevención que las conceptualizaciones
anteriores del principio.
El posterior debate de
la Asamblea General sobre la R2P reveló aún más la preferencia de la comunidad
internacional por los pilares 1 y 2 de la R2P, que exigen medidas preventivas y
asistencia internacional. Moscú señala que aún no ha surgido un consenso claro
sobre el tercer pilar, que se centra en una respuesta (militar) oportuna y
decisiva, en gran parte debido a la preocupación por las implicaciones de la
intervención humanitaria. En particular, un problema común planteado por Moscú
y muchos otros gobiernos es la aplicación de R2P, que podría basarse en una
selectividad injusta dentro del Consejo de Seguridad. El poder de veto en el
Consejo es fundamental para estas preocupaciones porque garantiza que el
Consejo de Seguridad esté siendo un “árbitro neutral”.
Moscú es sensible a
cualquier crisis de seguridad internacional en la que se ignore su voz, a
través del Consejo de Seguridad de la ONU, y esto lleva a Rusia a volver a una
posición mucho más vocal y obstinada, como se vio durante Kosovo (1998-1999),
Irak (2003), Libia (2011) y Siria (2011–). Por lo tanto, sigue siendo muy
sensible a los eventos o circunstancias en los que su posición como gran
potencia se ve cuestionada o socavada por otros actores internacionales, al
tiempo que acepta su papel y posición como mediador en disputas
internacionales.
Desde la perspectiva
rusa, las controversias en torno a la R2P surgen en gran medida como resultado
de la forma en que se aplica en la práctica, en particular por parte de
Occidente, más que por el principio en sí. Eventos como Kosovo, Afganistán,
Irak, Libia y Siria se han convertido, para Rusia, en precedentes por los
cuales las potencias occidentales han “instrumentalizado” el principio de la
intervención humanitaria para promover sus propias agendas a nivel
internacional. Rusia sigue desconfiando profundamente de cualquier propuesta
que parezca alentar un cambio de régimen. Por ejemplo, el Kremlin se refiere al
caso de Libia cuando Estados Unidos y la OTAN interpretaron la resolución del
Consejo de Seguridad de la ONU sobre el establecimiento de zonas de exclusión
aérea de una manera que legitimaba el bombardeo primero de las tropas del
gobierno central y luego el derrocamiento del régimen de Gaddafi.
En Naciones Unidas Rusia
aboga por la diplomacia como vía para resolver las crisis civiles, como es el
caso de los conflictos en Darfur (Sudán), Myanmar, Costa de Marfil, Libia y,
más recientemente, en Siria. En este último caso, Rusia mantuvo su posición de
que los sirios deberían decidir sobre su propio futuro en la mesa de
negociación con todas las partes incluidas. En un intento por elevar su perfil
internacional, Rusia se ha mostrado dispuesta a actuar como mediador y
participar en la diplomacia itinerante entre las partes en conflicto, como en
el caso de Libia y, posteriormente, Siria.
Cabe señalar que, a pesar
de adoptar su papel público como mediador del régimen, Moscú también enfatizó
que la mayoría de los esfuerzos de mediación deben ser realizados por la ONU o
por actores regionales. Por ejemplo, en Siria, Rusia respaldó la iniciativa de
la Liga Árabe, que estaba mejor alineada con su versión de cómo deberían
resolverse tales crisis humanitarias. A este respecto, Rusia parecía haber
llegado a aceptar la importancia del papel que los actores regionales pueden y
deben desempeñar en tales crisis, tal como se prevé en la Convención R2P de
2005.
En cuanto a la
contribución rusa a las operaciones de mantenimiento de la paz, para 2020 Moscú
se encontraba entre los diez primeros (octavo lugar con 3,15%). La contribución
de Rusia es bastante modesta en comparación con las cantidades asignadas por
Estados Unidos (primer lugar, 28,38%) y Japón (segundo lugar, 10,83%). Sin
embargo, si se compara la contribución con el tamaño del PIB, el historial de
Rusia es bastante bueno, especialmente si se compara su contribución con la de
otro país comparable a los Estados Unidos en términos de PIB calculado de
acuerdo con la paridad del poder adquisitivo (PPA), por ejemplo China (6,64%).
En 2019, Rusia contaba con 66 militares (46 observadores y 20 policías) en el
marco de las 16 misiones de mantenimiento de la paz actuales de la ONU (frente
a 110 en 2014).
Moscú subraya que con
el mundo enfrentando nuevos desafíos, el mantenimiento de la paz de la ONU debe
evolucionar y ser flexible. Los diplomáticos rusos en la ONU plantean las
siguientes preguntas: ¿Cómo se establecen las misiones de mantenimiento de la
paz?; ¿Quién los financia?; ¿Cómo están compuestos?; ¿Las instituciones
regionales contribuyen a ellos?; ¿Cuál es el papel de Rusia en el mantenimiento
de la paz actual?; ¿Cuál es el futuro del mantenimiento de la paz en general?.
Reforma de la ONU
La ONU suele ser
criticada por su incapacidad para adaptarse rápidamente al cambio y llevar a
cabo reformas pertinentes y oportunas. Los defensores de la reforma de la ONU
creen que esta organización fue diseñada para las realidades de la posguerra y
la Guerra Fría y que su estructura, procedimientos y forma de funcionamiento no
corresponden a las necesidades actuales.
En primer lugar, tales
críticas se dirigen al Consejo de Seguridad de la ONU. Las propuestas
reformistas relativas al Consejo se reducen a cinco grupos:
• Categorías de
miembros del Consejo (número de miembros permanentes y no permanentes;
introducción de una tercera categoría de miembros; posibilidad de reelección inmediata
para algunos miembros no permanentes, etc.).
• Derecho de veto
(opción de statu quo, es decir, mantener el poder de veto solo para los cinco
principales; proporcionar a otros miembros del Consejo el derecho de veto;
abolición del derecho de veto; introducción de limitaciones para el uso del
poder de veto en algunas circunstancias, tales como, por ejemplo, los casos de
genocidio, crímenes de lesa humanidad, violaciones masivas de derechos humanos,
etc.
• Distribución “justa”
de los escaños del Consejo entre las diferentes regiones.
• La transparencia y
rendición de cuentas del Consejo.
• Sus relaciones con la
Asamblea General, incluyendo el derecho de la Asamblea a la toma de decisiones
en caso de incapacidad del Consejo para actuar en situaciones críticas.
La posición oficial de
Rusia sobre la reforma del Consejo de Seguridad es bastante general y carece de
detalles específicos.
Los esfuerzos para
reformar la ONU y adaptarla a las realidades actuales deben estar dirigidos a
salvaguardar su naturaleza intergubernamental y cumplir plenamente con el
principio de la carta de división del trabajo entre sus órganos principales. El
propósito de la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU es lograr una
representación más amplia sin menoscabar la eficacia y eficiencia de su
trabajo, y los procesos oportunos de toma de decisiones. Es necesario seguir
buscando un modelo de reforma de compromiso que goce del más amplio apoyo dentro
de la ONU.
Por otro lado, se sabe
que la posición de Moscú sobre la reforma del Consejo no siempre fue la misma y
ha evolucionado con el tiempo. En las décadas de 1990 y 2000, cuando el enfoque
neoliberal prevalecía en el pensamiento de Moscú sobre la ONU, algunos expertos
rusos apoyaron la membresía permanente del Consejo para el “grupo de los
cuatro” (Brasil, Alemania, India y Japón) o incluso para cinco países
(Alemania, Japón y un Estado de cada continente: África, Asia y América). Sin
embargo, con el aumento de las tensiones entre Rusia y Occidente, el Kremlin
señaló que favorece los asientos permanentes solo para sus dos socios BRICS,
Brasil e India, y, nuevamente, sobre la base del consenso.
El Kremlin también cree
que el derecho de veto no debe modificarse y que solo los miembros permanentes
(existentes y potenciales) deben tenerlo. Como subrayó Yuliy Vorontsov, ex representante
de Rusia en la ONU, la extensión de la membresía del Consejo junto con la
abolición o el debilitamiento del derecho de veto podría convertir al Consejo
en un “club de discusión” en lugar de un órgano de toma de decisiones. De
manera similar, el ministro Lavrov (que también se desempeñó como representante
de Rusia en la ONU de 1994 a 2004) se opuso a una reforma del sistema de veto
porque podría hacer que el Consejo fuera aún menos eficiente que ahora.
Moscú apoyó dos
resoluciones de la ONU que dificultaron cualquier reforma apresurada del
Consejo de Seguridad. En 1998, la Asamblea General aprobó la resolución 53/30
que requería una mayoría de 2/3 para cualquier decisión relacionada con la
reforma de la ONU. En 2008, se adoptó otra resolución (62/557) para introducir
un “principio de paquete” para la reforma de la ONU: los cinco “grupos” deben
ser aprobados por la Asamblea General a la vez. Los defensores de la reforma de
la ONU criticaron duramente estas resoluciones, tratando de argumentar que
hacían prácticamente imposible cualquier cambio en la composición y los
procedimientos del Consejo de Seguridad.
Al mismo tiempo, la
posición de Rusia sobre otros aspectos de la reforma de la ONU es mucho más flexible.
Por ejemplo, en Septiembre de 2015 Moscú apoyó una reforma parcial del
procedimiento de elección del Secretario General. En particular, se abandonó el
principio de rotación geográfica de los Secretarios; se dio la bienvenida a la
nominación de múltiples candidatos; se introdujo la discusión pública de las
plataformas políticas de los candidatos; se fomentaron los debates (incluidos
los televisados) entre los candidatos, etc. Como resultado de estas
innovaciones, el ex primer ministro de Portugal y Alto Comisionado de la ONU
para los Refugiados, António Guterres, fue elegido como nuevo Secretario
General en 2016.
La misión rusa de la
ONU también participó activamente en la reforma de la Asamblea General. En
1993, se cambió el sistema inicial de comités de la Asamblea General y se
estableció la estructura actual de seis comités. También se cambiaron los
procedimientos de la Asamblea General: se decidió que, además de la sesión de
otoño de tres meses, se pueden convocar sesiones ocasionales de primavera y
verano, si es necesario.
Moscú apoyó el
establecimiento de nuevos órganos de la ONU para modernizar su estructura
institucional. Por ejemplo, el Kremlin ayudó a crear un comité antiterrorista
de la ONU en 2001. En 2006, Rusia ayudó a transformar la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU en un Consejo de Derechos Humanos con un estatus más alto y
poderes más amplios.
Junto con sus socios
BRICS (Brasil, China, India y Sudáfrica), Rusia apoya la idea de una reforma
sustancial de los órganos económicos y financieros de la ONU, como el Consejo
Económico y Social, el grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional. Junto con otros países emergentes y en desarrollo, Rusia cree
que estas instituciones de la ONU ya no reflejan una “correlación de fuerzas”
en los sistemas económicos y financieros mundiales que intentan asegurar el
dominio de las potencias occidentales en esta esfera. Bajo la presión de Rusia
y China, en 2009 se creó un panel de expertos sobre la reforma del sistema
monetario-financiero mundial. Sin embargo, cuando este panel recomendó
establecer un Consejo Global de Coordinación Económica bajo los auspicios de la
ONU, los países desarrollados calladamente suspendieron esta iniciativa. No
sorprende que los países BRICS, decepcionados por la falta de progreso en esta
área, prefirieran establecer sus propias instituciones financieras alternativas
al sistema de Bretton-Woods.
En resumen, Moscú
favorece la reforma de la ONU pero de forma gradual y consensuada. El objetivo
de la reforma es adaptar la ONU a las realidades geoeconómicas y geopolíticas
actuales pero, por otro lado, no dañar su eficacia como instituto de gobernanza
global.
Conclusiones
En términos generales,
las políticas rusas de la ONU representan una combinación, a veces bastante
ecléctica, de los enfoques pragmático e ideológico. Por un lado, Moscú se guía
por motivos más bien prácticos/materiales, y ve a la ONU como un instrumento
eficaz para proteger y promover sus intereses nacionales, tanto a nivel
regional como global. En particular, Rusia intenta utilizar la ONU para la
prevención, gestión y resolución de conflictos en su proximidad geopolítica
cercana. La ONU (y especialmente su asiento en el Consejo de Seguridad) también
es importante para el Kremlin en términos de determinar el estatus de gran
potencia de Rusia y ganar autoridad y prestigio internacional. Además, Rusia
considera que la ONU es una herramienta bastante útil para contener las
aspiraciones hegemónicas de Estados Unidos y otras naciones desarrolladas y dar
forma a un orden mundial más “equitativo”.
Por otro lado, la ONU
es percibida por Moscú en términos de civilización. Se considera un instrumento
adecuado para abordar los problemas mundiales a los que se enfrenta actualmente
la humanidad, así como los que se avecinan. El Kremlin pretende presentarse
como un actor internacional responsable que trata de contribuir a hacer de la
ONU un instituto de gobernanza global eficiente. Rusia cree que la ONU debe
desempeñar un papel crucial en la solución de problemas globales, como el
desarrollo sostenible (incluido el logro de los ODS), la prevención y
resolución de conflictos, la consolidación de la paz después de los conflictos,
el control de armas y el desarme, la mitigación del cambio climático, la lucha
contra el crimen global y el terrorismo internacional, y así sucesivamente.
Moscú tiene como
objetivo armonizar las actividades de la ONU con otras instituciones globales,
regionales y subregionales para generar un efecto sinérgico en la solución de
diferentes problemas internacionales. Sin embargo, si fracasan los esfuerzos de
Rusia por establecer una división del trabajo entre la ONU y otras
organizaciones internacionales en áreas específicas, Moscú no duda en hacer una
elección pragmática entre ellas. Por ejemplo, cuando la OTAN intervino
militarmente en los conflictos de los Balcanes en la década de 1990, el Kremlin
utilizó a la ONU para prevenir estas intervenciones y luego para neutralizar al
máximo sus implicaciones negativas. Por el contrario, Rusia ha bloqueado
efectivamente cualquier intento de la ONU de interferir en el conflicto armado
Georgia-Rusia de 2008 y la crisis de Ucrania desde 2014, prefiriendo manejar
estos conflictos en los formatos de la OSCE, la CEI, el “Grupo Normandía” y la
vía bilateral.
El historial de Rusia
como miembro de la ONU desde el final de la Guerra Fría ha sido bastante
positivo para el Kremlin. Moscú ha tratado de usar su derecho de veto de manera
responsable, haciéndolo con menos frecuencia que, por ejemplo, Estados Unidos. Sin
embargo, con el inicio de la crisis de Ucrania, aumentó la confrontación de
Rusia con los países occidentales en el Consejo de Seguridad de la ONU,
incluido su ejercicio de veto. La llamada “primavera árabe” y la crisis de
Ucrania fueron los temas más conflictivos en el Consejo.
Rusia también es un “buen
ciudadano de la ONU” en el sentido de que contribuye al presupuesto de la
organización de forma regular y en un nivel suficiente. Moscú también ha
contribuido significativamente a las discusiones de la ONU sobre todos los
temas principales, desde la estrategia de desarrollo sostenible y R2P hasta la
resolución de conflictos y la lucha contra el terrorismo internacional y el
crimen transnacional. Participa activamente en los debates en curso sobre la
reforma de la ONU, incluido el Consejo de Seguridad. La posición de Moscú sobre
este tema ha evolucionado desde principios de la década de 1990, pasando desde
una posición bastante favorable/liberal a una cautelosa/conservadora. El
Kremlin teme cambios demasiado radicales en el sistema de la ONU porque podría
debilitar o hacer menos eficiente esta organización y socavar la posición
global de Rusia. Moscú quiere asegurarse que las reformas sugeridas harán que
esta institución sea más fuerte y adecuada para el mundo globalizado, y no al
revés. Es por eso que Rusia sugiere un enfoque equilibrado para la
implementación de reformas basado en el consenso y el gradualismo. Al mismo
tiempo, Moscú entiende que para enfrentar de manera efectiva los desafíos de la
globalización, la ONU debe transformarse de una organización puramente
intergubernamental en un organismo transnacional capaz de funcionar como una
institución de gobernanza global.
Jonathan Benavides
* Publicado el miércoles 23 de Noviembre de 2022 en el portal web “Opinión y Noticias”
https://www.opinionynoticias.com/internacionales/38377-rusia-y-la-onu

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