“La suma de todos los miedos”: la percepción de Israel
de un Irán con armas nucleares
La lógica milenaria de Tucídides aún rige: la
incertidumbre (sobre las intenciones nucleares de Irán) y el miedo que esto
inspira (en Israel) aumenta el riesgo de otra guerra (en Oriente Medio).
Incluso si la respuesta de Israel al programa nuclear iraní no lleva a la
región a una guerra, los temores de Israel serán cruciales para dar forma a la
política de Oriente Medio y ayudarán a determinar la estabilidad de la región
en los próximos años.
El público en el planeta ha estado escuchando sobre
los temores israelíes de un Irán nuclear durante varios años. Es comprensible
que la mayoría descarte este drama como parte del ruido de fondo de los asuntos
internacionales, una característica constante de los informes internacionales
en los que la historia sigue siendo la misma y las terribles predicciones nunca
se cumplen. Pero es importante prestar atención a las preocupaciones israelíes
sobre Irán por varias razones.
Primero, Israel no solo tiene una visión particular
de la amenaza que representa la dimensión militar del programa nuclear iraní,
sino que también tiene un medio independiente para tomar medidas para aliviar
sus temores. Aunque Israel es menos capaz que Estados Unidos, si Israel lanzara
ataques contra Irán para retrasar el programa nuclear, los efectos se
extenderían por toda la región y más allá. Meir Dagan, exjefe de la agencia de
inteligencia externa de Israel, el Mossad, advirtió varias veces que un ataque
israelí contra Irán “provocaría una guerra regional”.
En segundo lugar, las preocupaciones de Israel
sobre Irán podrían producir una serie de movimientos defensivos y respuestas
crecientes que se salgan de control de una manera que ninguna de las partes
pretende. Como nos recuerda la historia de la guerra y el conflicto en el Medio
Oriente, desde la Guerra de los Seis Días de Junio de 1967, pasando por la del
Yom Kippur en 1973, las operaciones militares contra el terrorismo palestino en
las décadas de 1980 y 1990, la ronda de violencia de Noviembre de 2012 entre
Israel y Hamás con base en Gaza, y las que continuaron en 2016, 2017, 2018,
2019, 2020 y 2021, el Medio Oriente es un polvorín donde algunas chispas
podrían muy fácilmente encender una gran conflagración.
Finalmente, como demostró la visita del entonces presidente
Donald Trump a Israel en Mayo de 2017, los temores de Israel hacia Irán se han
convertido en una preocupación ineludible y urgente para la política
estadounidense en el Medio Oriente. Dada la amistad entre Estados Unidos e
Israel, la Casa Blanca debe prestar mucha atención a estas sensibilidades hacia
Irán. Una comprensión clara de las percepciones israelíes de Irán seguirá
siendo esencial para la política estadounidense hacia Teherán.
El miedo de Israel a un Irán armado con armas
nucleares toma al menos cuatro formas distintas, con un conjunto diverso de
fuentes: miedo a la aniquilación, miedo a un entorno de seguridad más difícil,
miedos socioeconómicos y miedo a un desafío a los principios ideológicos
fundamentales de Israel. Los israelíes generalmente enmarcan estos temores
distintos como acumulativos, no separados. Las cuatro capas de percepción de
amenaza explican por qué la mayoría de los israelíes están dispuestos a apoyar
la línea dura de sus líderes hacia Irán. Sin embargo, como mostramos a
continuación, los diversos temores también tienen contradicciones que explican
las divisiones internas israelíes sobre la respuesta requerida a Irán, como la
tensión entre el primer ministro Yair Lapid y su establishment de seguridad.
Por lo tanto, cualquier intento de desempacar el marco y la respuesta de Israel
al desafío nuclear iraní debe comenzar con un análisis de estos diferentes
temores.
Miedo
existencial
Una encuesta de Marzo de 2021 realizada por el
Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén reveló que el 66% de los israelíes cree
que si Irán adquiere un arma nuclear, la usaría contra Israel. El 77% de los
israelíes cree que la amenaza iraní representa una amenaza existencial para
ellos. Los israelíes consideran que la posibilidad de su aniquilación colectiva
es un riesgo real. Al menos en parte, esto es el resultado de la centralidad
del Holocausto en la vida política del Estado judío, que ronda casi todas las
discusiones públicas sobre Irán en Israel. Las encuestas preguntan rotundamente
si un segundo Holocausto es posible o imposible si Irán obtiene la bomba.
Muchos israelíes atribuyen intenciones aniquilacionistas a los líderes del
régimen de Irán. Una encuesta de Diciembre de 2010 realizada por la Universidad
de Tel Aviv mostró que el 92% de los judíos israelíes y el 70% de los árabes
israelíes ven a Irán como el Estado más hostil de la región.
Los datos de las encuestas no solo responden a las
ocasionales declaraciones incendiarias de los líderes iraníes sobre borrar a
Israel de las páginas de la historia; las respuestas también reflejan lo que el
público escucha de sus propios líderes sobre el fervor revolucionario del
régimen iraní, la ideología religiosa (que para algunos, incluido el ex
presidente iraní Ahmadinejad, incluye referencias al inminente regreso del
Duodécimo Imán, o salvador islámico), cultura y nociones de racionalidad. La
elección del 14 de Junio de 2013 del ex diplomático y asesor de seguridad
nacional Hassan Rouhani, y menos aún el ascenso de Ebrahim Raisi el 5 de Agosto
de 2021 como presidentes de Irán, no afectaron las declaraciones israelíes
sobre la amenaza iraní, al menos por ahora. En una entrevista justo después de
las elecciones donde proclamaron a Rouhani, el primer ministro Benjamín Netanyahu
le dijo a Lally Weymouth de The Washington Post que, lamentablemente, la
elección de Rouhani como presidente “no tiene el poder de cambiar las ambiciones
nucleares de Irán”. Al fin y al cabo estos no son determinados por los
presidentes sino por el llamado Líder Supremo, Ayatollah Ali Khamenei.
Los líderes políticos israelíes frecuentemente
enmarcan la amenaza iraní conectándola con la experiencia judía en Europa. El
primer ministro Netanyahu declaró en 2006: “Es 1938 e Irán es Alemania, e Irán
está compitiendo para armarse con bombas atómicas”. Posteriormente, el Primer
Ministro Netanyahu destacó el problema iraní durante su discurso a la nación en
el Día Nacional de Conmemoración del Holocausto en Abril de 2013. En el
discurso, el Primer Ministro afirmó que “el odio asesino contra los judíos no
ha desaparecido del mundo, sino que simplemente fue reemplazado por el odio
asesino contra el Estado judío... Irán declara abiertamente su intención de
destruir el Estado de Israel y está utilizando todos los medios para lograr
este objetivo”.
Para algunos políticos israelíes, la conexión
Irán-Holocausto es aún más íntima. El ex viceministro de Defensa Ephraim Sneh
perdió a sus abuelos en el Holocausto; refiriéndose a Irán en una entrevista de
Agosto de 2012, dijo, “cuando veo de nuevo una conexión entre la ideología
radical y la capacidad militar absoluta, me digo a mí mismo... esto es algo que
una vez aniquiló a un tercio del pueblo judío”. Incluso algunos de los líderes
más moderados de Israel han sostenido este punto de vista; el entonces ministro
de Relaciones Exteriores, Shimon Peres, declaró ya en 1995 que “Irán pide la
destrucción de Israel”. Casi dos décadas después, Peres, ejerciendo como presidente
de Israel, se preguntó en su discurso del Día de la Memoria del Holocausto de Abril
de 2012 cómo el mundo puede permitir que los líderes iraníes “nieguen
abiertamente el Holocausto y amenacen con otro Holocausto”.
Los líderes israelíes han descrito dos vías para un
ataque: un ataque directo de Irán o un ataque de un actor no estatal que
adquiriría el arma de Irán. Los líderes israelíes, como el exministro de
Defensa y ex Primer Ministro Ehud Barak, declararon además que el tamaño
reducido del país y la densidad de población en su sector central podrían
alentar a Teherán a atacar a Israel. Barak se refirió varias veces a un
discurso de 2001 del ex presidente iraní, Hashemi Rafsanjani, que afirmaba que
el Estado judío es, como dijo Barak, un “estado de una sola bomba”, lo que significa
que una sola bomba nuclear podría acabar con la existencia de Israel.
El efecto del Holocausto se amplifica aún más en la
mente de muchos israelíes debido a una visión cíclica común de la historia.
Basándose en fuentes nacionales y religiosas, muchos israelíes creen que “en
cada generación se levantan contra nosotros para destruirnos”, como afirma la
Hagadá de Pésaj en un pasaje muy conocido. Benjamin Netanyahu se refirió varias
veces a los planes aniquiladores para los judíos en el libro bíblico de Ester,
quizás porque esos planes fueron ideados en la corte del antiguo Imperio Persa.
Yendo aún más atrás, Moshe Feiglin, miembro del parlamento que representaba al entonces
partido gobernante Likud, escribió en Febrero de 2012 que los amalek iraníes
(una tribu descrita en varios lugares de la Biblia como un enemigo que amenaza
lo suficiente a los hebreos como para justificar su exterminio) y el Amalek
alemán operó tal como operó el Amalek bíblico: “Han hecho contra nosotros una
guerra existencial”.
El miedo a una bomba iraní (o a cualquier rival
armado con armas nucleares) está más arraigado en la creencia entre las élites
israelíes y el público israelí de que la región en su conjunto, con Irán al
frente, rechaza la legitimidad de Israel.
Amenazas
Estratégicas
Enmarcar la amenaza como existencial la hace clara
y simple, aunque nefasta. Los funcionarios de seguridad, actuales y anteriores,
han expresado un conjunto de temores más matizados, describiendo las numerosas
formas en que un Irán con armas nucleares induciría cambios desfavorables en el
entorno estratégico inmediato de Israel.
Primero, muchos analistas creen que Irán, armado
con armas nucleares, se convertiría en una potencia regional cada vez más
asertiva, buscando expandir su influencia tanto en la región del Golfo como en
el Levante. En tal circunstancia, Irán podría inducir a los vecinos más débiles
a subirse al carro iraní y confrontar a Israel con una alianza regional más
agresiva y capaz. Aquí también, las analogías europeas son rampantes. Ehud
Barak, declaró en una entrevista de Agosto de 2012 al periódico israelí Haaretz
que si Irán adquiere armas nucleares, “nadie podrá detenerlo cuando provoque a
vecinos y rivales. Lo que sucedió en Renania en 1936 será un juego de niños en
comparación con lo que sucede con Irán”.
En segundo lugar, Irán podría envalentonar a sus
aliados, como Siria y actores no estatales como Hezbolá, para perseguir sus
objetivos con mayor militancia, incluido el uso de ataques con cohetes y
terrorismo contra Israel, por debajo de la comodidad de un paraguas nuclear
iraní. En la misma entrevista de Agosto de 2012, Barak, dijo: “Si tuviéramos
que tomar medidas contra Hezbolá y un Irán nuclear declarara que un ataque
contra Hezbolá constituye un ataque contra Irán, ¿qué haremos entonces?”. Barak
profundizó afirmando que los actores no estatales “no pueden ser disuadidos de
la misma manera que los países pueden ejercer disuasión unos contra otros. Las
implicaciones de tal desarrollo serían extremadamente graves”. Esta no es solo
una perspectiva de élite. La encuesta de Marzo de 2021 sugirió que el 75% de
los israelíes cree que si Irán desarrolla armas nucleares, los palestinos y
Hezbolá se volverán más beligerantes hacia Israel.
En tercer lugar, algunos israelíes predicen que un
Irán con armas nucleares induciría la proliferación nuclear y de otras armas de
destrucción masiva en otros Estados. De hecho, Ehud Barak afirmó que un Irán
nuclear pondrá fin al régimen global de no proliferación: “hasta ahora, el
mundo encontró una manera de tratar con dos Estados canallas: Corea del Norte y
Pakistán. Si Irán se vuelve nuclear... no habrá control sobre el demonio
nuclear”. Reflejando una evaluación ampliamente compartida dentro del establishment
de seguridad israelí, en Septiembre de 2012, el ex director de inteligencia
militar, general (retirado) Amos Yadlin, dijo a Haaretz que si Irán se volviera
nuclear, “ la proliferación es casi una certeza: si Arabia Saudita, Turquía,
Egipto y otros Estados se vuelven nucleares, surgirá un sistema nuclear
multipolar en el Medio Oriente y, por definición, será inestable y muy
peligroso”.
Finalmente, aunque se dice en público con menos
frecuencia, a algunos israelíes les preocupa que un Irán con armas nucleares
pueda socavar las propias opciones disuasorias de Israel y podría obligar a
Israel a reconsiderar su política de opacidad nuclear. El general (retirado)
Ami Ayalon, ex comandante de la Marina israelí y exjefe de la agencia de
seguridad interna de Israel, Shabak, comentó recientemente que las
declaraciones israelíes sobre la necesidad de una acción militar ponen en
riesgo la ambigüedad del estado nuclear de Israel. Los líderes y analistas
israelíes también temen que un Irán con armas nucleares debilitaría la postura
de Estados Unidos en el Medio Oriente, disminuyendo aún más la influencia del
aliado más cercano y poderoso de Israel.
El desafío
socioeconómico
Los israelíes también perciben un efecto
socioeconómico adverso de un Irán armado con armas nucleares. Yarom Ariav, ex director
general del Ministerio de Finanzas de Israel, le dijo a Haaretz en Agosto de
2012 que “un Irán nuclear implica un costo económico considerable para Israel,
desde su efecto en nuestra calificación económica hasta grandes gastos en
seguridad”.
A los israelíes les preocupa que Irán, armado con
armas nucleares, obstaculice la capacidad del Estado para atraer inversión
extranjera directa (IED). El columnista Lawrence Solomon articuló la
preocupación: “Usted es el director ejecutivo de IBM, Intel, Siemens, Nestlé o
cualquiera de las otras 500 empresas occidentales que han abierto operaciones
en Israel, hogar de la economía de más rápido crecimiento del mundo
desarrollado. ¿Qué hacer si Irán obtiene la bomba?, ¿continúa invirtiendo en
Israel, con la esperanza de que Irán no cumpla su promesa de borrarlo del mapa?
... ¿Estarían de acuerdo sus altos ejecutivos en quedarse o mudarse a Israel,
sabiendo que estarían poniendo a sus familias en riesgo de perecer en la misma
nube de hongo que podría extinguir el pequeño país?”.
Si este temor se materializa, sería un gran
problema para Israel: en 2020, el 49% de sus exportaciones industriales (sin
incluir los diamantes) procedían del sector de alta tecnología de orientación
mundial. A su vez, este sector depende en gran medida de la financiación
externa de los centros de I+D establecidos en Israel por gigantes mundiales
como Microsoft y Google, las compras de empresas israelíes por parte de
empresas extranjeras y la financiación de capital de riesgo del exterior. De
hecho, el economista israelí Yair Aharoni informó que en 2015 más del 50% de la
producción en I+D y equipos de comunicaciones fue producido en Israel por
empresas basadas en inversión extranjera directa. La preocupación va mucho más
allá de la alta tecnología. De hecho, Aharoni mostró que quince de las 100
principales empresas industriales y de servicios de Israel son empresas basadas
en IED que incluyen no solo empresas de tecnología sino también productores de
alimentos, metales y papel. En consecuencia, el empleo en algunos sectores
depende en gran medida de la inversión extranjera directa. Casi la mitad de los
empleados del sector de las comunicaciones electrónicas y alrededor de un
tercio del sector del metal básico trabajaban en 2005 para empresas basadas en
IED.
Un temor socioeconómico adicional es que un Irán
nuclear disminuiría la capacidad de Israel para retener y atraer a las
porciones altamente calificadas y orientadas a nivel mundial de su fuerza
laboral, que son los principales motores de la economía de Israel. Como dijo
Ephraim Sneh en una entrevista de 2014 para Haaretz, “La buena madre del norte
de Tel-Aviv le dirá a su hijo que no tiene que regresar del MIT, ella irá a
visitar a sus nietos en Boston”.
Un desafío a
los principios fundacionales
Finalmente, y quizás menos obvio pero no menos
significativo, un pequeño número de analistas y funcionarios israelíes han
sugerido que el potencial de un ataque nuclear contra Israel socava el credo
del sionismo secular de proporcionar un refugio seguro para los judíos. Moshe
Halbertal, profesor de filosofía en la Universidad Hebrea, le dijo a David
Remnick de The New Yorker en Septiembre de 2015: “Si Netanyahu falla en evitar
la adquisición de armas nucleares por parte de Irán, en sus términos, toda la
razón de ser de Israel se desmorona; es decir, si no podemos hacer frente al
nuevo Hitler, ¿quién soy yo?, ¿quiénes somos?”.
En su entrevista de 2014, Sneh dijo que una bomba
iraní podría provocar la destrucción de Israel incluso si la bomba no se usara.
En opinión de Ephraim Sneh, incluso la posibilidad de que Irán use un arma
nuclear detendría la inmigración judía a Israel, disuadiría la inversión
extranjera y llevaría a la élite tecnológica israelí a abandonar el país. Sería
el principio del fin del sueño sionista. Este sentimiento se hizo eco, aunque
en desacuerdo, en una entrevista de Mayo de 2013 con el general retirado Yishai
Beer, quien dijo que comparar la situación actual de Israel con la situación de
los judíos en 1939 está mal porque “indica pánico y como si el Estado de Israel
hubiera fallado en su papel histórico de brindar seguridad física a los judíos”.
Inconsistencias
y tensiones
Los temores israelíes tienen implicaciones para la
política. Precisamente por esta razón, las percepciones israelíes merecen un
escrutinio. Varias de las inquietudes expresadas anteriormente están plagadas
de incoherencias y tensiones internas. Primero, uno esperaría que la alarma de
Israel aumentara a medida que aumentaran las capacidades iraníes, pero este no
es el caso. Algunos políticos israelíes, en particular Benjamin Netanyahu y
Shimon Peres, expresaron temores existenciales de Irán a principios y mediados
de la década de 1990, mucho antes de que las estimaciones de la inteligencia
israelí predijeran que la capacidad iraní se acercaba a nuevos umbrales de
peligro. A fines de la década de 1990, bajo el liderazgo de Netanyahu, Israel
revisó su estrategia hacia Irán y concluyó que un menor antagonismo serviría a
los intereses de Israel; Las declaraciones de Netanyahu en este período fueron
mucho más silenciosas, las declaraciones sobre la amenaza existencial de Irán
casi desaparecieron, incluso frente a las críticas sobre la política de Irán
por parte de los líderes de la oposición. Aunque hoy, Irán realmente está en el
umbral de tener la capacidad de producir una bomba, Shimon Peres, poco antes de
su muerte en 2016, pidió públicamente menos exageraciones sobre la amenaza
nuclear iraní.
En segundo lugar, proyectar la imagen de un pueblo
víctima que enfrenta el peligro de la aniquilación no encaja fácilmente con la
advertencia de Israel de que es lo suficientemente fuerte como para llevar a
cabo un ataque efectivo sin asistencia operativa externa. De hecho, esta
contradicción ha sido subrayada por los críticos de las frecuentes
declaraciones del ex primer ministro Netanyahu en los últimos años de su último
gobierno, que Israel enfrenta una amenaza existencial. Como dijo el ex jefe del
Mossad, Ephraim Halevi, en una entrevista de Septiembre de 2021: “Estoy
absolutamente horrorizado cuando escucho a nuestros líderes hablar como si no
existieran las Fuerzas de Defensa de Israel... y como si Auschwitz pudiera
repetirse. Tal como lo veo, el mensaje que deberíamos transmitir a los iraníes,
y a nosotros mismos, es que estaremos aquí en cualquier evento y en cualquier
escenario durante los próximos dos mil años”.
En tercer lugar, el temor de que un Irán nuclear
ejerza una mayor influencia regional, haciendo que los Estados árabes se unan a
su lado, no se ajusta a la evidencia histórica generalizada de que los Estados
tienden a unirse para oponerse a las amenazas crecientes. La teoría de que un
Irán con armas nucleares ejercería una influencia hegemónica en la región
también está en desacuerdo con la predicción común de que un Irán nuclear
provocaría a sus vecinos, en particular a las monarquías del Golfo, a buscar
sus propias capacidades nucleares para contrarrestar la influencia iraní.
En cuarto lugar, los temores de que un Irán nuclear
estimule la proliferación en el mundo árabe se contradicen con la propia
experiencia de Israel con sus vecinos, en los que la capacidad nuclear israelí,
que coincidió con varios conflictos armados durante décadas, no incitó a otros
a buscar una capacidad equivalente. (Ni Irak ni Libia ni Irán estaban
respondiendo principalmente a la capacidad de Israel; Siria en la década de
2000 puede ser una excepción).
Finalmente, los temores de que un Irán nuclear
socavaría la economía de Israel y el propósito sionista se contradicen
rotundamente con la evidencia. La capacidad nuclear iraní ha crecido durante
una década y media, tiempo durante el cual el crecimiento económico de Israel
se ha disparado y la emigración se ha reducido a un mínimo de treinta años. Las
inconsistencias y contradicciones en las declaraciones israelíes sobre Irán no
deberían sorprender. Las creencias reflejan tanto nuestras valoraciones de la
realidad como nuestros deseos de controlarla. “Ver para creer”, como dice el
viejo adagio, pero también “creemos lo que queremos creer”. Dado que la
realidad es compleja y nuestras teorías sobre la mejor manera de manejar lo que
el mundo nos arroja son imperfectas, a menudo expresar creencias inconsistentes
o contradictorias. Los líderes políticos no son diferentes. Y dado que la
retórica es una moneda de poder en la política interna, la alarma sobre Irán
sin duda se expresa a veces con fines partidistas. Sin embargo, las percepciones
de los políticos sobre la amenaza de Irán tienen enormes implicaciones para las
elecciones que harán esos individuos.
Consecuencias
y Complicaciones
Las múltiples capas de peligro que los israelíes
ven en un Irán armado con un arma nuclear deben verse como acumulativas y no
mutuamente excluyentes. Es “la suma de todos los miedos” (parafraseando a Tom
Clancy) en lugar de un solo “peligro claro y presente”. Una consecuencia
importante es que, con un constante redoble del peligro que representa Irán,
los líderes israelíes han comenzado a persuadir a sus electores. En una
encuesta israelí de marzo de 2021, el 65% de los israelíes dijo que cree que
será más costoso vivir con un Irán nuclear que atacar a Irán antes de que tenga
armas nucleares. Incluso si esta estadística sugiere un mayor apoyo del que
realmente existe, la opinión pública no limitaría al gobierno israelí si
decidiera lanzar un ataque contra Irán.
Sin embargo, las tensiones entre las diferentes
concepciones de la amenaza también han llevado a profundas divisiones
políticas. El abismo más significativo por ahora es entre el marco existencial
basado en el Holocausto de la amenaza planteada por el ex Primer Ministro
Netanyahu y el conjunto de amenazas estratégicas descritas anteriormente que
destaca el establishment de seguridad. Este abismo, que conduce a diferentes
prescripciones políticas (atacar antes de que sea demasiado tarde frente a
esperar y ver cómo se desarrollan otras medidas dilatorias), explica la tensión
reciente y sin precedentes entre los funcionarios electos de Israel que
favorecen un ataque y su liderazgo militar que evita uno. La cautela ejercida
por el liderazgo militar puede reflejar su evaluación realista basada en las
capacidades, en comparación con el marco más histórico, ideológico y basado en
la identidad utilizado, entre otros, por el Netanyahu en sus discursos
políticos. Las concepciones contradictorias de Irán también resuenan hacia el
exterior: un sentido compartido de amenaza estratégica fortalece la alianza con
Estados Unidos, pero un imperativo existencial de atacar las preferencias de
Estados Unidos pone en riesgo la alianza.
El discurso del miedo conlleva varios riesgos y
complicaciones adicionales. Uno es el autoatrapamiento, que permite que las
declaraciones alarmistas bloqueen ciertos cursos de acción y cierren
alternativas. La confianza generalizada en el Holocausto como clave para
comprender la situación iraní respalda un ataque incluso sin Washington, ya que
Israel también interpreta el genocidio de la década de 1940 como evidencia de
la necesidad de autosuficiencia. Al riesgo de quedar atrapado se suma la
ambigüedad nuclear de Israel. Mientras que otro Estado podría definir líneas
rojas y emitir amenazas disuasorias, Israel no puede articular fácilmente sus
opciones disuasorias en respuesta a una amenaza estratégica iraní, dejando la
capitulación ante la capacidad nuclear y la fuerza preventiva iraníes como
polos de acción con pocos puntos intermedios. Las declaraciones de amenazas
terribles también hacen que sea más difícil, desde un punto de vista político
interno, tener una buena ventilación de opciones, como contener una capacidad
nuclear iraní latente o incluso negociar un compromiso con Teherán. Los últimos
años vieron una estrecha cooperación entre los cuerpos de seguridad israelíes y
estadounidenses para retrasar el progreso nuclear de Irán, asumiendo los
informes de David Sanger sobre la cooperación conjunta israelí-estadounidense,
los ciberataques a Irán son correctos. Si los israelíes creen que se enfrentan
a la aniquilación, ¿continuarán estos esfuerzos conjuntos?. De manera similar,
la amenaza iraní crea un conjunto de intereses comunes entre Israel y los Estados
árabes en el Golfo, pero no está claro si Israel realmente se está aprovechando
de esa situación.
Un segundo riesgo es crear “profecías autocumplidas”
a través de terribles declaraciones de amenaza. Las declaraciones de amenazas
infladas y los llamados asociados a la acción militar pueden ayudar a crear en
Irán precisamente el monstruo que se está representando, al fortalecer a las
personas y organizaciones dentro de Irán que abogan por una disuasión nuclear
operativa. Eventualmente, el énfasis continuo en la naturaleza existencial de
la amenaza nuclear iraní también podría tener una dinámica autocumplida dentro
de Israel, que quizás conduzca a un punto de inflexión socioeconómico, lo que
provocará la huida tanto del talento como de las finanzas.
El miedo generalizado a Irán conlleva otras
consecuencias no deseadas. Los pensadores y activistas nacional-religiosos se
han apresurado a comprender la implicación ideológica del esperado fracaso del
sionismo secular. El ex miembro de la Knesset Moshe Feiglin, uno de los
principales políticos religiosos nacional del partido Likud, es quizás el más
claro entre ellos. En una publicación de 2011 en su sitio web, Feiglin escribió
que “no volvimos a esta tierra por razones de seguridad. ¿Qué hay de seguro en
colocar a todos los judíos en la mira nuclear de Ahmedinejad... vinimos aquí
para redimir al mundo a través del reino de Dios... es por eso que esta tierra
nos fue dada... y de este destino derivamos nuestro derecho a la soberanía en
toda la tierra de Israel”.
Trascendencia
De este análisis se desprenden cuatro cosas que
deben hacer y cuatro cosas que no deben hacer los formuladores de políticas en
los Estados Unidos y más allá:
Primero, no apostar por el próximo movimiento de
Israel. Los temores expresados en el debate interno de Israel son reales y
arraigados, pero también lo son las divisiones sobre cómo responder. Cualquiera
puede adivinar quién prevalecerá en la lucha sobre cómo responder a Irán.
Segundo, no creer todo lo que escuches. Los
políticos hacen declaraciones por muchas razones. No es necesario prestar
atención a todas las comparaciones de Irán y la Alemania nazi. Aunque los
temores israelíes son genuinos, las analogías con el Holocausto son
profundamente defectuosas y no constituyen una buena guía para la política.
Aunque el Benjamín Netanyahu se basa en la historia judía como brújula, también
ha utilizado el encuadre de amenazas (terrorismo, Irán) como herramienta para
obtener apoyo político.
Tercero, no te alejes. Si Israel siente una
creciente sensación de abandono, podría provocar una escalada de temores y
precisamente el tipo de respuestas que podrían ser más destructivas para
Israel, la política estadounidense y la región.
Por último, no alimentes el miedo. Hablar no es
barato. Los funcionarios estadounidenses, en particular los miembros del
Congreso, deberían dejar de repetir la peor hipérbole israelí sobre las
capacidades e intenciones iraníes. Al mismo tiempo, ayudaría si los
funcionarios iraníes dejaran de hacer declaraciones ridículas negando el
Holocausto y declarando su deseo de ver a la entidad sionista borrada de las
páginas de la historia. Los líderes israelíes deben evitar encasillarse para
tomar decisiones innecesarias al dar voz a sus miedos más profundos.
Si los formuladores de políticas evitan estas
trampas, ¿qué pasos positivos deberían tomar para ayudar a controlar los
temores en Israel y en toda la región?. Primero, Estados Unidos debería ayudar
discretamente a Israel y sus vecinos a darse cuenta de sus intereses comunes
frente a Irán y construir sobre ellos, no tanto para profundizar el aislamiento
de Irán sino para permitir una acción coordinada para resolver el estancamiento
con Irán. Estados Unidos podría facilitar, por ejemplo, un intercambio
tranquilo entre funcionarios de seguridad de Israel y otros actores regionales
para aclarar sus respectivos enfoques sobre el entorno de seguridad emergente y
discutir los tipos de medidas de transparencia y supervisión que, en última
instancia, podrían brindar tranquilidad sobre las intenciones nucleares de
Irán.
En segundo lugar, Estados Unidos debería continuar
coordinando sus políticas hacia Irán con Israel. A pesar de las tensiones
reportadas entre las administraciones de Barack Obama y la actual de Joe Biden
con los gobiernos israelíes, las relaciones entre los órganos profesionales de
formulación de políticas de los dos países nunca han sido tan estrechas; esta
coordinación seguirá tranquilizando a Israel y animando a Jerusalén a actuar
con moderación.
En tercer lugar, Estados Unidos debe apoyar marcos
de cooperación que permitan a los Estados de Oriente Medio comenzar a discutir,
cara a cara, los principios de seguridad regional. La arquitectura para la
coordinación regional y la gestión de la seguridad en el Oriente Medio no
existe hoy en día, y es difícil de imaginar, pero seguirá siendo esquiva a
menos que Estados Unidos empuje a los Estados afines a discutir los desafíos
compartidos que enfrentan. Estas discusiones eventualmente deberán abordar el
desafío de prohibir todas las armas de destrucción masiva en la región.
Jonathan Benavides
* Publicado el miércoles 19 de Octubre de 2022 en el portal web "Opinión y Noticias"
https://www.opinionynoticias.com/internacionales/38171-males

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