Presencia del poder duro ruso en el ex espacio
soviético después de 2008
Semanas después de la Guerra de Georgia de 2008, el
presidente ruso Medvedev afirmó claramente que “Rusia, como otros países del
mundo, tiene regiones donde mantiene intereses privilegiados, estas son
regiones donde se encuentran países con los que tenemos relaciones amistosas”.
Esta declaración pretendía ser una advertencia a Occidente y especialmente a la
OTAN, a la que Georgia y Ucrania habían expresado su intención de unirse, de
que Moscú no aceptaría ninguna intrusión de poder duro de otros en el antiguo
espacio soviético. Estas líneas las redactamos con la intención de comprender
lo sucedido en el oriente europeo y dar luces en cuanto a lo que acontece hoy
en Ucrania.
Atrapado en un pensamiento realista en materia de
política exterior y obsesionado por el temor a verse rodeado de enemigos, el
Kremlin percibe el control del poder duro de las ex repúblicas soviéticas como
garantía de la seguridad de sus propias fronteras. Con una buena memoria
histórica de las invasiones militares de los siglos XIX y XX desde Europa
occidental, Rusia presta especial atención a los países que residen actualmente
entre sus fronteras y las de la UE. Así, recordando que los invasores occidentales
solían dirigirse hacia Rusia Central, Moscú y hacia Bielorrusia, el Kremlin
mantiene este país lo más cerca posible como medida de precaución. Ucrania es
vista como el ancla suroeste de Rusia y su talón de Aquiles. Y lo que Ucrania
es para Rusia, se considera que Moldavia es para Ucrania. Por tanto, Moscú
considera que si Ucrania no puede ser defendida, tampoco Rusia, ganándose así Chisináu
una importancia estratégica también para Rusia. Y, por último, el Cáucaso Sur
(Georgia, Armenia y Azerbaiyán) ha sido para Moscú zona de amortiguamiento y
zona de rivalidad con Turquía, Irán y EE.UU.
La invasión de Georgia en 2008 y la guerra en curso
en Ucrania han demostrado hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia para
mantener sus posiciones de poder duro en el antiguo espacio soviético. Estas
guerras merecen un análisis especial no solo por su impacto en las relaciones
de Rusia con Occidente sino también porque muestran cómo ha evolucionado el
ejército ruso en los últimos tiempos en cuanto a capacidades y estrategia y
táctica militar.
Proyectando
poder en el “extranjero cercano”
Jonathan Markowitz y Christopher Fariss definen la
proyección de poder como el despliegue de la fuerza militar más allá del propio
capital, argumentando que la capacidad de un Estado para proyectar poder está
determinada por dos variables: la cantidad de poder del Estado y el grado en
que ese poder decae con la distancia. Cuanto más poderoso es un Estado y menos
decae su poder con la distancia, mayor es su capacidad de proyección de poder.
La capacidad de proyectar poder juega un papel importante para influir en los
asuntos internacionales. Los Estados con una sólida capacidad de proyección de
poder también pueden exportar seguridad, lo que les permite tranquilizar a los
aliados y disuadir a los posibles adversarios. Cuanto más fuerte es la
capacidad de proyectar el poder militar (más lejos, más preciso,
discriminatorio y destructivo), mayor es la influencia de un Estado sobre los
actores internacionales y sobre el sistema internacional en su conjunto. Sin
embargo, la capacidad de proyectar poder determina qué Estados pueden competir
por el liderazgo mundial o regional.
La intensidad de la proyección de poder depende de
la proximidad geográfica. Es más barato desplegar, reabastecer y mantener
soldados más cerca de las fronteras del Estado de origen y, por otro lado, un Estado
primero está interesado en tener influencia en el área cercana a sus fronteras,
tanto por razones económicas como de seguridad.
A lo largo de la historia, los imperios se han
basado en bases militares extranjeras para hacer cumplir sus reglas, ya sea el
Imperio de Alejandro Magno, Roma, los imperios británico o francés. Las
potencias globales o regionales de hoy demuestran su fuerza a través de bases
militares extendidas también en el extranjero: tanto para proteger sus
intereses como para exportar seguridad. En este sentido, Pax Americana no
difiere de Pax Romana o Pax Britanica. Sin embargo, las bases militares en el
extranjero no deben verse únicamente en términos de fines militares directos,
sino que también influyen en la seguridad, la economía y la cultura del país
anfitrión, interfiriendo inevitablemente en la política interna. A veces, las
bases militares extranjeras pueden dar lugar a grandes protestas sociales en
los países de acogida. Un ejemplo reciente a este respecto es la protesta
masiva de Enero de 2015 en Gyumri y Ereván, después de que un militar ruso
estacionado en la base militar rusa en Gyumri fuera acusado de asesinar
brutalmente a siete miembros de una familia armenia. El incidente generó una
ola de sentimiento antirruso, los manifestantes exigieron la eliminación de la
base militar rusa de Armenia. Sin embargo, como todas las potencias que poseen
bases militares en el extranjero, Rusia siempre ha sido reacia a renunciar a
cualquier base una vez adquirida.
Después de la disolución de la Unión Soviética,
muchas bases militares nacionales (rusas) se encontraron repentinamente en el
territorio de nuevos países vecinos independientes: en Armenia, Azerbaiyán,
Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Tayikistán, Ucrania y
Uzbekistán. A pesar de los problemas económicos internos, Rusia se ha esforzado
por mantener estas bases, ya sea recurriendo a arrendamientos (en Kazajistán),
acciones militares (en Moldavia y Georgia), presión económica y política
(Bielorrusia y Armenia) o anexión territorial (Ucrania). De las diez ex
repúblicas soviéticas donde Rusia tenía bases militares, Moscú “perdió” solo
dos de ellas, Azerbaiyán (Bakú y Moscú no lograron negociar la continuación del
contrato de arrendamiento de la estación de radar Gabala, que expiró a fines de
2012) y Uzbekistán (desde 2012, después de que Uzbekistán abandonara la
Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la base aérea de Karshi
Kanabad (K2) ha sido utilizada exclusivamente por el ejército uzbeko).
En el "extranjero cercano" europeo, Rusia
tuvo la tarea más fácil de mantener sus bases militares en Armenia y
Bielorrusia. La pequeña república caucásica alberga dos instalaciones militares
rusas: una base en Gyumri, donde estaba ubicada la 127 División de Fusileros
Motorizados del ejército soviético y una pequeña base aérea en Ereván. La base
de Gyumri tiene alrededor de 5.000 empleados permanentes y está equipada con
misiles antiaéreos S-300 y cazas Mikoyan Gurevich MiG-29 SMT. En 2010, Rusia
amplió el acuerdo para albergar la base militar en Gyumri hasta 2044. Moscú no
paga ninguna tarifa de arrendamiento a Ereván, sino que proporciona armas y
equipo militar para el ejército armenio y los guardias fronterizos rusos
aseguran la protección de las fronteras de Armenia con Turquía e Irán.
Bielorrusia alberga actualmente dos bases militares
rusas, ambas instalaciones técnicas. El Centro de Comunicaciones 43d de Vileyka
(región de Minsk) de la Armada de Rusia ha estado en funcionamiento desde 1964.
Asegura las comunicaciones de la sede principal de la Armada con los submarinos
nucleares estratégicos de Rusia en los océanos Atlántico, Índico y parcialmente
Pacífico. La base de Vileyka también se ocupa de la guerra electrónica de radio
y la inteligencia técnica y de radio. La segunda base militar, la unidad
radiotécnica Volga, se encuentra cerca de Baranavichy (región de Brest). Se trata
de un sistema de alerta de ataques con misiles, que es capaz de detectar
misiles y unidades espaciales a una distancia de 4.800 kilómetros, y que sigue
también los movimientos de los submarinos de la OTAN en el Atlántico Norte.
Bielorrusia no cobra ninguna tarifa de arrendamiento de Moscú. Rusia planea
abrir una tercera base militar en Bielorrusia, una base aérea que albergaría
aviones de combate rusos Su-27SM3 y Su-30MKM, capaces de transportar bombas y
atacar objetivos terrestres tres veces más eficientemente que un avión Su-27
básico.
Rusia tampoco ha encontrado muchas dificultades
para mantener sus bases militares en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia
Central. En el socio de la Unión Euroasiática, Kazajistán, Rusia tiene tres
centros de pruebas militares; alquila el cosmódromo de Baykonur, cuyo contrato
de alquiler se prorrogó hasta 2050; tiene una estación de radar que brinda
cobertura contra ataques con misiles desde el oeste y centro de China, India,
Pakistán y la Bahía de Bengala; y un regimiento de la aviación de transporte.
En Kirguistán, Rusia tiene una base de pruebas
navales donde realiza pruebas de armas antisubmarinas; alquila una base aérea,
un centro de comunicaciones de largo alcance de la Armada, una estación sísmica
automática y un laboratorio de radiosísmica diseñados para detectar los
terremotos y cualquier uso de armas nucleares.
Tayikistán alberga la Base Militar Rusa 201 con
alrededor de 7.000 efectivos regulares y un complejo optoelectrónico (Okno) que
puede proporcionar monitoreo global para objetos en órbita sobre Eurasia,
África del Norte y Central y los océanos Índico, Pacífico y Atlántico.
Las tareas más duras para mantener la presencia
militar en el “extranjero cercano” resultaron ser los casos de Moldavia,
Georgia y Ucrania. En los tres países, Rusia ha asegurado sus bases militares
usando medios de poder duro: apoyando guerras secesionistas (en Moldavia –
Transnistria), invadiendo un país soberano (en Georgia) o violando oficialmente
la integridad territorial de un estado vecino (en Ucrania). En todos estos
casos, Moscú justificó sus acciones protegiendo los derechos de las etnias
rusas que vivían en las antiguas repúblicas soviéticas y por la necesidad de
proteger sus propias fronteras del avance de la OTAN en su esfera de intereses
privilegiados (la guerra en Transnistria estaba determinada por la política de
acercamiento de Moldavia a Rumanía; sin embargo, el prolongado conflicto se ha
utilizado últimamente como palanca para que el gobierno de Chisinau mantenga a
Moldavia alejada de la OTAN, insistiendo en el estado de neutralidad del país).
En la República de Moldavia, el 14º Ejército
soviético estuvo estacionado en la región de Transnistria en 1956. Después de
la disolución de la Unión Soviética pasó a estar bajo la jurisdicción de la
Federación de Rusia y en 1992 participó activamente en la guerra de
Transnistria, determinando el resultado del conflicto. A pesar de las
reiteradas demandas de Chisináu de que se retiren las tropas rusas, Moscú se ha
negado con el pretexto de que los soldados rusos necesitaban proteger la gran
cantidad de tecnología pesada y municiones almacenadas en Transnistria (en
Colbasna) desde la época soviética. En la cumbre de la OSCE de 1999 en
Estambul, Rusia acordó retirar completamente sus tropas de Moldavia antes del
31 de diciembre de 2002. Sin embargo, Moscú no ha respetado sus compromisos,
vinculando posteriormente la retirada a la resolución pacífica del conflicto de
Transnistria.
Los datos oficiales indican que en este momento hay
alrededor de 1.500 militares rusos en Transnistria y la base militar comprende
una brigada de fusileros motorizados, un regimiento de misiles antiaéreos,
sistemas de comunicación del regimiento y un grupo aéreo. Oficialmente, los
soldados rusos están desplegados allí bajo el estatus de operación de
mantenimiento de la paz; de hecho, sin embargo, mantienen el carácter
prolongado del conflicto y ejercen una gran presión sobre el gobierno de
Moldavia, influyendo en gran medida en la política exterior de la antigua
república soviética.
En Georgia, antes de 2007 había cuatro bases rusas:
en Akhalkalaki (en la frontera sur con Turquía), Batumi (Adjaria), Gudauta
(Abjasia) y Vaziani (cerca de Tbilisi); y fuerzas de mantenimiento de la paz en
Abjasia y Osetia del Sur. Según las disposiciones del Tratado de la Cumbre de Estambul
de la OSCE de 1999, en Julio de 2001, Rusia retiró oficialmente las bases militares
de Gudauta y Vaziani, y antes de finales de 2007 también cerró las bases de
Batumi y Akhalkalaki. Sin embargo, las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz
permanecieron en Abjasia, donde continuaron utilizando la base de Gudauta. De
hecho, la base militar en Abjasia siguió funcionando y Moscú insistió en que
las instalaciones fueran utilizadas únicamente por las fuerzas de paz rusas.
Así, a pesar de los compromisos oficiales, Rusia no
estaba dispuesta a renunciar a su presencia militar en Georgia. Además, una vez
que Tbilisi aceleró sus esfuerzos para unirse a la OTAN, Moscú ya estaba
haciendo planes para reforzar su presencia militar en la república del Cáucaso.
En Agosto de 2012, Putin le dijo a un periodista que a fines de 2006 y
principios de 2007, el Estado Mayor ruso desarrolló el plan de invadir Georgia
y lo negoció con el presidente ruso, y que la milicia de Osetia del Sur fue
entrenada por rusos bajo ese plan. Por lo tanto, no sorprende que después de la
guerra de 2008, Moscú desplegara bases militares tanto en Abjasia como en
Osetia del Sur, las regiones separatistas que ha reconocido como estados
independientes. Por lo tanto, actualmente, Rusia tiene oficialmente alrededor
de 3.500 soldados en Abjasia dentro de la 7ª Base Militar Rusa, equipados con
tanques de batalla, vehículos blindados de transporte de personal y aviones de
combate Su-27 y MiG-29. En Osetia del Sur, Moscú desplegó la Cuarta Base
Militar Rusa con unos 3.800 soldados, tanques, vehículos blindados de
transporte de personal, misiles tácticos y cohetes de lanzamiento y
antimisiles. Ambas bases se alquilan por 49 años con posibilidad de prórroga
automática por 15 años (en 2010 Abjasia amplió el arrendamiento de la base
militar de Rusia hasta 2059 con posibilidad de prórroga de 15 años).
Rusia ha reforzado recientemente aún más su presencia
militar en Abjasia y Osetia del Sur, lo que complica aún más los planes de
Georgia para unirse a la OTAN. El 24 de Noviembre de 2014, Vladimir Putin y el
presidente abjasio Raul Khadzhimba, ambos ex oficiales de la KGB, firmaron el
Acuerdo entre la Federación Rusa y la República de Abjasia sobre Alianza y
Asociación Estratégica que establece la creación de una fuerza conjunta de
tropas rusas y abjasias y un centro conjunto de información/coordinación de los
órganos de asuntos internos. El 18 de Marzo de 2015, en el primer aniversario
de la anexión de Crimea, Vladimir Putin firmó un acuerdo similar: el Tratado de
Alianza e Integración con su proclamado homólogo de Osetia del Sur, Leonid
Tibilov, que prevé la creación de una defensa común y espacio de seguridad. En
otras palabras, Rusia formalizó sus intenciones de mantener y defender su
presencia militar en Georgia.
De manera similar al caso georgiano, Rusia ha
utilizado el poder duro para asegurar su presencia militar estratégica también
en Ucrania. La anexión de Crimea, justificada en nombre de la defensa de los
rusos étnicos que vivían allí, procuraba, de hecho, asegurar la presencia
militar rusa en la península. Vladimir Putin declaró claramente que la toma de
Crimea era necesaria para evitar que Rusia fuera prácticamente expulsada del
área del Mar Negro y para evitar que los barcos de la OTAN atracaran en
Sebastopol. Para evitar este peligro, Rusia tuvo que reaccionar en consecuencia.
En juego estaba la principal base militar rusa en el extranjero. La península
de Crimea ocupa una posición estratégica en el Mar Negro, estando prácticamente
en el medio, lo que le confiere considerables ventajas para los despliegues
tanto navales como aéreos.
Antes de la anexión de Crimea, la Base Naval Rusa
de la Flota del Mar Negro empleaba a unos 13.000 soldados y 13.000
especialistas civiles. De acuerdo con el Acuerdo de 1997 entre la Federación de
Rusia y Ucrania sobre el estado y las condiciones de la permanencia de la flota
del Mar Negro de la Federación de Rusia en el territorio de Ucrania, la flota
rusa estaba limitada a 388 barcos (incluidos 14 submarinos) y 161 aviones y
helicópteros. El contrato de arrendamiento inicial debía expirar en 2017, sin
embargo, en 2010 el acuerdo de “gas por flota” extendió el arrendamiento de la
base militar rusa hasta 2042.
Después de la anexión de Crimea, Rusia denunció el
acuerdo de arrendamiento de la base militar, se hizo cargo de forma gratuita de
la instalación militar ucraniana en Crimea y anunció la modernización y el fortalecimiento
de la Flota del Mar Negro. A partir de 2020, la Flota del Mar Negro de Rusia comenzó
a recibir 30 nuevos buques de guerra, submarinos y buques auxiliares; se
desplegaron sistemas de defensa aérea en Crimea y se incrementó el número de
infantería naval (los “hombrecitos verdes”). El 26 de marzo de 2014 (menos de
una semana después de la anexión de la península de Crimea), el Ministerio de
Defensa de Rusia anunció sus planes de establecer un “regimiento de transporte
de misiles” cerca de la capital de Crimea, Simferopol, que albergaría al
Tupolev Tu-22M3 bombardero supersónico de largo alcance. Estos planes de
remilitarización de Crimea muestran lo importante que es para Rusia mantener
sus posiciones estratégicas en el Mar Negro, proyectar su poder en la región y
que Moscú no tiene intención de devolver la península anexada.
OTSC: ¿una
especie de “OTAN regional”?
Además de los esfuerzos anteriores para mantener
sus fuerzas militares en las antiguas repúblicas soviéticas, Moscú se ha
esforzado por fortalecer la legitimidad de su presencia en el “extranjero
cercano” respaldando su propia organización de seguridad. La Organización del
Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) fue establecida en 2002 por el Tratado de
Tashkent y originalmente incluía nueve Estados miembros: Rusia, Bielorrusia,
Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.
Es el sucesor del Tratado de Seguridad Colectiva, que fue fundado en 1992. La
tarea principal de la OTSC es “brindar seguridad nacional a los Estados
miembros de forma colectiva, brindar ayuda, incluso militar, al Estado miembro
que se convirtió en víctima de agresión”. La organización está imitando a la
OTAN tratando de imponerse como una alternativa a la alianza militar occidental
para el antiguo espacio soviético: la OTSC tiene una estructura similar a la
OTAN, la Fuerza de Reacción Rápida Colectiva corresponde a la Fuerza de
Respuesta de la OTAN, así como el modelo de Defensa Cibernética Cooperativa de
la OTAN, el Centro de Excelencia la OTSC tiene la intención de establecer un
Centro para incidentes cibernéticos. Al igual que el artículo 5 de la OTAN, el
artículo 4 de la OTSC establece que una agresión cometida contra un Estado
miembro se considerará una agresión contra todos los miembros de la
organización y los demás Estados prestarán al miembro agredido la asistencia
necesaria, incluida la militar.
Sin embargo, además de las diferencias obvias en
cuanto a la experiencia, el número de miembros, las capacidades militares y el
presupuesto de las dos organizaciones, la OTSC se destaca por dos aspectos más
importantes: contrariamente a su contraparte occidental, en lugar de
expandirse, la organización dirigida por Rusia se ha reducido de nueve miembros
en 1993 a solo seis hoy (Azerbaiyán, Georgia y Uzbekistán han dejado la
organización); y aunque la OTAN no acepta miembros con disputas sin resolver
sobre fronteras nacionales, la OTSC ha ignorado este aspecto, lo que solo ha
debilitado la coherencia de la organización.
Hasta ahora, la OTSC no ha logrado ganarse la
confianza, incluso entre sus miembros, de que puede brindar estabilidad y
seguridad a la región. En 2010, la OTSC no logró aprobar uno de los exámenes
más importantes: la crisis en Kirguistán. La organización no intervino durante
las protestas que amenazaban al liderazgo político en Bishkek y se negó a enviar
fuerzas de paz para calmar la violencia que estalló en el sur del país entre
grupos kirguís y uzbekos. Era la primera vez que un Estado miembro pedía
directamente el apoyo colectivo y la OTSC demostró que no podía hacer frente a
las amenazas regionales reales.
Sin embargo, incluso si la OTSC nunca ha emprendido
ninguna operación de seguridad colectiva y la utilidad y confiabilidad de la OTSC
para sus Estados miembros es cuestionable, para Rusia representa un instrumento
útil para proyectar su poder en la región. La OTSC ofrece a Moscú la
justificación perfecta para las instalaciones militares rusas existentes en los
Estados miembros, brinda motivación para que los militares de las ex repúblicas
soviéticas cooperen con Rusia y permitan que Moscú extienda su presencia
militar en el área. Por lo tanto, con el pretexto de proteger a los Estados
miembros de la OTSC de la amenaza potencial de la OTAN, Rusia expandió sus
bases aéreas en Armenia y Kirguistán y estableció una base aérea para aviones
de combate en Bielorrusia. En 2016 el Secretario General de la OTSC, Nikolai Bordyuzha,
describió esto como una respuesta a las acciones tomadas por los EE.UU. en el
despliegue de activos aéreos en el Báltico.
Más allá de las antiguas repúblicas soviéticas,
Moscú tiene actualmente solo una base militar en el extranjero: en Tartus,
Siria (en 2002, Rusia cerró sus bases militares en Cuba y Vietnam). En Febrero
de 2014, el ministro de Defensa ruso declaró que Rusia estaba manteniendo
conversaciones con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argelia, Chipre, Seychelles,
Vietnam y Singapur para construir bases militares en esos países. En Febrero de
2015, Rusia y Chipre firmaron un acuerdo que da acceso a los barcos de la
armada rusa a los puertos chipriotas y solicitaron oficialmente a Grecia que
asignara terrenos para la construcción de una base militar en su territorio.
Estos planes muestran las ambiciones de Rusia de aumentar su influencia en los
Balcanes y a nivel mundial. Sin embargo, gravemente afectada por la crisis
económica, está por verse hasta qué punto las ambiciones militares rusas pueden
lograrse a nivel mundial. Por el momento, y a pesar de lo complejo que ha
resultado el conflicto armado en Ucrania, Moscú sigue siendo una fuerte
potencia militar regional.
De
Blitzkrieg a “Nueva Guerra”
Desde la guerra de Georgia de 2008, el ejército
ruso ha evolucionado no solo en términos de capacidades, sino también en
términos de tácticas y estrategias militares. Si en 2008, el ejército ruso se
basó en la táctica Blitzkrieg, que trajo la victoria sobre el ejército
georgiano en solo cinco días, pero Rusia tuvo que asumir oficialmente su
participación militar; en Ucrania, Moscú anexó Crimea sin derramamiento de
sangre, primero negó cualquier participación, reconociendo que sus tropas
participaron en la toma de la península solo un mes después de la anexión.
Moscú también ha negó cualquier participación en la guerra en Donbas a pesar de
múltiples evidencias de rebeldes que usaban armas rusas y soldados rusos
muertos en los combates en el este de Ucrania. Además, Moscú siempre acusó a Kiev
de genocidio y ha utilizó masivamente los medios de información para sembrar
dudas y perturbar la realidad de los hechos en Donbas. ¿Es este cambio en el
carácter de la guerra evidencia de modernización de la estrategia militar rusa
o de adaptación al contexto internacional?. Para responder a esta pregunta
primero debemos analizar las dos guerras.
La guerra
relámpago georgiana
La palabra blitzkrieg ("guerra
relámpago") se asocia clásicamente con las tácticas y operaciones
militares alemanas en la primera mitad de la Segunda Guerra Mundial. Según el
diccionario de Oxford, representa “una intensa campaña militar destinada a
lograr una rápida victoria”. La guerra relámpago se centra en la noción de una
decisión rápida en el campo de batalla y apunta a grandes logros en un período
extremadamente corto.
La guerra de Georgia duró solo cinco días y, a
pesar de las graves deficiencias de armamento y coordinación, Rusia logró una
aplastante victoria contra el ejército de Georgia. La guerra fue planeada por
Moscú ya en 2006-2007 y comenzó el 8 de Agosto de 2008 con el ataque de las
fuerzas georgianas contra la capital de Osetia del Sur, Tskhinvali. En la
primera semana de Agosto, Tiflis había sido provocada por frecuentes
escaramuzas a lo largo de la línea de alto el fuego entre Osetia del Sur y
Georgia, lo que determinó que el presidente Saakashvili iniciara la operación
militar. Lo más probable es que las escaramuzas fueran parte del plan ruso para
culpar a los georgianos por la guerra que seguiría. Rusia hizo evidentes
preparativos para la invasión de Georgia desde principios del verano de 2008.
En Junio y Julio Moscú había reparado las vías del tren en Abjasia; ya mediados
de Julio, el ejército ruso desplegó 8.000 soldados, 30 aviones y helicópteros
de combate, así como 700 vehículos cerca de la frontera con Georgia para el
ejercicio militar “Kavkaz-2008”. El ejercicio terminó oficialmente el 2 de Agosto,
sin embargo, según reportes de prensa, los puestos de mando permanecieron operativos
y el 58 Ejército mantuvo estado de alerta.
Con sus tropas cerca de Georgia y recién terminando
de ensayar “escenarios de una operación militar en Abjasia y Osetia del Sur”
durante el ejercicio militar, la intensificación de las escaramuzas provocadas
por las fuerzas separatistas prorrusas de Osetia del Sur llegó a tiempo y solo
facilitó la implementación del plan militar ruso para obligar a Georgia por su
terquedad a unirse a la OTAN.
Así, después de 12 horas desde que Tbilisi lanzó el
ataque a Tskhinvali, las tropas rusas invadieron Georgia a través de Osetia del
Sur. El 9 de Agosto, las fuerzas rusas abrieron un segundo frente en Abjasia.
Los aviones rusos estaban bombardeando objetivos militares y económicos
georgianos (puentes, vías férreas) mientras la Flota del Mar Negro partía de
Sebastopol hacia las aguas territoriales georgianas para imponer un bloqueo
naval. En cinco días, el ejército ruso derrotó al ejército georgiano entrenado
por los estadounidenses con bajas mínimas. El 12 de Agosto, Moscú anunció el
fin de las operaciones militares, sin embargo, al día siguiente las tropas
rusas ocuparon Poti, el principal puerto de Georgia, de donde recién se
retiraron el 22 de Agosto.
Rusia alcanzó los principales objetivos militares:
tomar el control irreversible de Abjasia y Osetia del Sur. Moscú estableció
bases militares considerables en ambas repúblicas separatistas y controla los
cruces montañosos críticos, lo que ha mejorado significativamente sus
posiciones militares estratégicas en el Cáucaso. Fue una victoria alcanzada en
una guerra de poco tiempo, lograda no debido a tácticas o tecnología sofisticadas
sino principalmente a la superioridad numérica del ejército ruso, y también a
la cantidad más que a la calidad del equipo militar.
Durante la guerra de Georgia, Rusia trató de
aparecer como la víctima y no como el iniciador de la guerra y para lograr este
propósito trató de combinar las operaciones militares con la guerra cibernética
y la ofensiva diplomática. Moscú se esforzó por crear una cobertura mediática
prorrusa de la guerra y los ataques informáticos en los sitios oficiales
georgianos. Sin embargo, estos intentos no han tenido mucho éxito, y los
analistas rusos critican la gestión de información y medios del Estado Mayor
por su ineficiencia y falta de personal calificado para la guerra de
información. La guerra en Ucrania demostraría que Rusia ha aprendido de estos
errores.
La “nueva
guerra”
La crisis de Crimea estalló en el contexto de la
agitación política y los disturbios civiles (Euromaidán) en Ucrania, provocados
por la negativa del presidente Yanukovich a firmar el Acuerdo de Asociación con
la UE. El 21 de Febrero de 2014, Viktor Yanukovich abandonó la capital y al día
siguiente, la Rada (parlamento ucraniano) votó para destituirlo de su cargo e
intentó aprobar el proyecto de ley para la abolición de la Ley de idiomas que
ofrecía al ruso y otras lenguas minoritarias el estatus de idioma oficial
regional. Como reacción, estallaron protestas prorrusas en la península de
Crimea. Mientras tanto, militares con uniformes verdes sin distintivos y armas
rusas, los famosos “hombrecitos verdes”, comenzaron a tomar el control de la
península de Ucrania, ocupando los objetivos estratégicos. El 27 de Febrero,
pistoleros pro rusos ocuparon los edificios del parlamento y del Consejo de
Ministros de Crimea y reemplazaron las banderas ucranianas por banderas rusas.
El gobierno local fue disuelto y un miembro del Partido de la Unidad Rusa,
Sergey Aksyonov, fue votado como nuevo primer ministro de Crimea.
Después de la toma del gobierno local y el
parlamento, al día siguiente, las fuerzas pro rusas tomaron el control del
aeropuerto de Simferopol y las estaciones de televisión locales. Luego instalaron
puestos de control en la frontera entre Crimea y Ucrania continental y aislaron
las bases militares ucranianas locales de su cuartel general. Fue una ocupación
incruenta, Kiev ordenó a sus tropas que no resistieran. También cabe señalar
que mientras las fuerzas pro rusas ocupaban Crimea, siguiendo un plan bien
desarrollado, Rusia realizaba ejercicios militares cerca de sus fronteras
occidentales.
Mientras Occidente condenaba la participación
militar rusa en Crimea, Moscú negó cualquier implicación en las acciones en la
península de Ucrania o que los “hombrecitos verdes” fueran soldados rusos,
afirmando en cambio que se trataba de voluntarios locales de autodefensa. Solo
después de la anexión de la península, el presidente Putin admitió que debido a
que después de la salida de Yanukovich no había “una autoridad ejecutiva
legítima en Ucrania […] nadie con quien hablar” y la población de Crimea, que
se oponía al golpe, estaba amenazada con represión, Rusia “podría [no haber
abandonado] Crimea y sus residentes en apuros. Esto habría sido una traición de
nuestra parte”, y reconoció que “las fuerzas de autodefensa de Crimea estaban,
por supuesto, respaldadas por militares rusos”.
El 6 de Marzo de 2014, el parlamento de Crimea votó
para separarse de Ucrania y unirse a la Federación de Rusia. Apenas 10 días
después se organizó un referéndum al respecto. Según los datos oficiales de
Crimea y Rusia, el 95% de los participantes confirmaron la decisión del
parlamento local. El 21 de Marzo de 2014, Rusia anexó oficialmente la península
de Ucrania. Esta decisión del Kremlin sorprendió a la mayor parte del mundo.
Mientras Occidente todavía estaba tratando de entender lo que estaba sucediendo
en Crimea, Moscú actuó rápidamente, utilizando "tácticas de choque".
La operación de anexión de Crimea se llevó a cabo
sin problemas. Los soldados rusos que participaron en estas acciones vestían
nuevos uniformes modernos y portaban nuevas armas. Tenían radios encriptadas para
hablar, equipos de navegación y miras térmicas y de visión nocturna para armas
de fuego y demostraron profesionalismo en la realización de una operación
encubierta muy bien organizada. No abrieron fuego, sino que utilizaron la
persuasión y la intimidación. Tanto las capacidades como la estrategia diferían
de las utilizadas durante la guerra de Georgia.
Sin embargo, la operación militar rusa en Ucrania
no terminó con la anexión de Crimea. Semanas después de la pérdida de la península,
las autoridades de Kiev tuvieron que enfrentarse a un problema más grave en el
Sur-Este del país. El 6 de Abril de 2014, manifestantes prorrusos irrumpieron
en los edificios de la Administración Estatal Regional en Donetsk, Lugansk y
Kharkiv alzando banderas rusas y pidiendo un referéndum sobre la independencia.
Mientras las autoridades ucranianas recuperaron brevemente el control de Kharkiv,
los separatistas pro rusos continuaron ocupando edificios administrativos en
Donetsk y Lugansk, que fueron proclamadas Repúblicas Populares. Las fuerzas de
la llamada República Popular de Donetsk (RPD) comenzaron a tomar el control de
la infraestructura estratégica en todo el óblast de Donetsk. Cabe mencionar que
los líderes del movimiento separatista en el sureste de Ucrania eran
nacionalistas rusos. Tanto Igor Strelkov (comandante militar supremo de la RPD)
como Aleksandr Borodai (primer ministro de la RPD) son también ciudadanos
rusos. Strelkov había sido oficial de los servicios de seguridad rusos y luchó
en Transnistria, Bosnia y Chechenia, mientras que Borodai era miembro de la
Unidad Nacional Rusa.
El 15 de Abril, el presidente interino de Ucrania,
Olexander Turchynov, anunció el inicio de una “operación antiterrorista” contra
los insurgentes, así como también iniciaron los movimientos que anularon los
derechos políticos de los habitantes del Donbas, entre ellos la destitución de
los representantes a la Rada de Donetsk, Lugansk, Zaporizhia y Kherson, la
prohibición del derecho al voto de los habitantes de estas regiones y el asedio
militar con el Regimiento Azov en primera línea de combate. En ese momento, las
fuerzas de la RPD habían ocupado las ciudades más grandes de la región:
Mariupol, Sloviansk, Kramatorsk, Horlivka, Makiivka, etc.
Mientras las fuerzas ucranianas retomaban el
control de partes de la región de Donetsk, en Mayo estallaron enfrentamientos
en Odessa; Donetsk y Luhansk declararon su independencia después de referéndums
no reconocidos y firmaron un acuerdo para crear el Estado confederado de
Novorossia, que debería haber incluido la mayoría de las regiones del sur y
este de Ucrania. Los combates en el este de Ucrania empeoraron después de que
Kiev firmara el Acuerdo de Asociación con la UE, el 27 de Junio. El 17 de Julio
de 2014, la guerra alcanzó un nuevo nivel, cuando el vuelo MH17 de Malayasian
Airlines fue derribado en territorio rebelde, matando a 298 civiles a bordo.
Rusia ha negado cualquier participación en la guerra y estaba llevando a cabo
una agresiva campaña mediática contra las fuerzas de Ucrania, sembrando dudas
en los países occidentales de que las fuerzas pro rusas derribaron el avión de
Malasia.
A principios de Agosto de 2014, Rusia desplegó
tropas en la frontera con Ucrania y organizó una serie de ejercicios de
entrenamiento después de que cientos de soldados ucranianos cruzaran la
frontera hacia Rusia forzados por el fuego de artillería de los separatistas.
Más tarde ese mes, Moscú envió un convoy de ayuda de 100 camiones a Lugansk sin
el permiso del gobierno ucraniano, mientras que las autoridades de Kiev y la
OTAN publicaron evidencia de la implicación de la artillería y los vehículos
blindados de los soldados rusos en la guerra en el este de Ucrania. El Kremlin
volvió a negar su participación alegando, en cambio, que los soldados
fronterizos rusos cruzaron a Ucrania por error durante unos simulacros de
rutina. En un contexto de creciente tensión, el 5 de Septiembre, los
representantes de Ucrania, Rusia, RPD y la República Popular de Luhansk (LPR)
se reunieron en Minsk, donde firmaron un acuerdo de alto al fuego.
Sin embargo, la lucha estalló incluso en la noche
del 6 al 7 de Septiembre, y ambas partes se acusaron mutuamente de la violación
del acuerdo de Minsk. Los combates empeoraron a principios de 2015,
principalmente cerca del Aeropuerto Internacional de Donetsk. En febrero de
2015 tuvo lugar otra ronda de conversaciones de paz. Entró en vigor el acuerdo
“Minsk II”, estableciéndose el alto al fuego efectivo tras la captura por parte
de los separatistas de Debaltseve, un importante punto estratégico. Según la
ONU, más de 14.000 personas habían muerto en 2021 desde que estalló la guerra
en el este de Ucrania en Abril de 2014.
La guerra en Ucrania difiere de la de Georgia no
solo en la duración, sino especialmente en la estrategia y las tácticas
militares: Rusia ha luchado por poderes en Donbas y ha reconocido su
implicación en Crimea solo después de que se completó la anexión de la
península. Paralelamente a las operaciones militares, Moscú ha llevado a cabo
una guerra de (des)información, tanto en casa vilipendiando a las autoridades
ucranianas como a sus aliados occidentales, justificando su apoyo a sus
hermanos rusos de Crimea y el este de Ucrania; y en el extranjero, difundiendo
dudas y confusión a través de la presentación de una realidad alternativa y la
construcción de teorías de conspiración. La presión económica ha sido otro
instrumento utilizado por Rusia durante la guerra, que además de obstruir las
exportaciones ucranianas, amenazó a Kiev con interrumpir el suministro de gas.
Estas características indican la complejidad de la guerra en Ucrania, que una
gran mayoría de especialistas calificó de guerra híbrida.
Hay muchas definiciones de la guerra híbrida. Fiodor
Lukianov lo entiende como el enfrentamiento no declarado que combina medios,
desde militares hasta económicos y propagandísticos; John McCuen define las
guerras híbridas como una combinación de guerra simétrica y asimétrica en la
que las fuerzas que intervienen llevan a cabo operaciones militares
tradicionales contra fuerzas y objetivos militares enemigos, mientras que deben
intentar simultáneamente, y de manera más decisiva, lograr el control de las
poblaciones indígenas de la zona de combate asegurando y estabilizándolos ellos,
mientras que en opinión de Frank Hoffman las guerras híbridas incorporan una
gama de diferentes modos de guerra, incluyendo capacidades convencionales,
tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas que incluyen violencia y
coerción indiscriminadas, y desorden criminal. Así, para resumir, las guerras
híbridas combinan diferentes tipos de guerra: convencional, insurgente,
cibernética; a lo que se suman medios militares asimétricos, presión económica,
difusión de desinformación y propaganda.
La guerra híbrida no es nueva ni invención rusa. En
la Edad Media, sobornar a un traidor para que abriera las puertas de un
castillo sitiado o envenenar pozos representaba tácticas híbridas. En el siglo
pasado, también se utilizaron tácticas híbridas en la guerra de Vietnam. La
invasión soviética de Afganistán en 1979 comenzó con 700 tropas especiales
vestidas con uniformes afganos que se apoderaron de edificios militares,
gubernamentales y de los medios de comunicación clave, incluido el palacio
presidencial, acciones sorprendentemente similares a lo que sucedió en Crimea
en Febrero de 2014. Se utilizaron tácticas híbridas en las guerras recientes en
Afganistán e Irak también.
Sin embargo, existen algunas diferencias entre las
guerras híbridas “antiguas” y las “nuevas”. Estas diferencias vienen
determinadas principalmente por dos factores: la globalización y la tecnología.
En apoyo a esta idea, Mary Kaldor presenta la valoración de los teóricos que
sostienen que la globalización ha transformado a los Estados cambiando su rol
en relación a la violencia organizada: el monopolio de la violencia es
erosionado tanto desde arriba por las reglas e instituciones internacionales,
como desde abajo otros Estados se debilitan bajo el impacto de la
globalización. Luego, el desarrollo de la tecnología militar, que se hizo más
precisa y destructiva, ha hecho que la guerra simétrica sea cada vez más
destructiva y, por lo tanto, más difícil de ganar. Si a esto se suma la
implicación de las nuevas formas de comunicación (tecnologías de la
información, televisión y radio, vuelos baratos), que se convirtieron en una
herramienta importante de las guerras actuales, facilitando la propagación del
miedo y el pánico o la difusión de un conflicto local entre océanos; las
conexiones globales, incluidas las redes criminales; enlaces de la diáspora; y
la presencia de agencias internacionales, ONG y periodistas, entonces podemos
hablar de “viejas” y “nuevas guerras”. Llama la atención que en las “nuevas
guerras” es difícil distinguir entre lo estatal o no estatal y lo externo o
interno y dado que muchos combatientes son policías, milicianos, contratistas
privados, mercenarios, paramilitares o delincuentes de diversa índole, las
cifras de otras bajas militares y civiles son muy difíciles de identificar.
Analizando la guerra en Ucrania podemos notar que
los elementos presentados por Mary Kaldor pueden identificarse fácilmente allí:
Rusia como Ucrania con el apoyo occidental han llevado a cabo una intensa
guerra de información, sembrando confusión y miedo, construyendo una realidad
alternativa, desdibujando la frontera entre agresor y agredido; a pesar de la
amplia evidencia de intervenciones militares rusas en el sureste de Ucrania
proporcionada tanto por Kiev como por Occidente, Moscú ha negado cualquier
implicación, así como también las exageradas crifras de bajas rusas presentadas
por Kiev, manteniendo de esta manera la confusión sobre las fuerzas internas y
externas involucradas en la guerra; las imágenes en los territorios controlados
por los rebeldes también han mostrado la presencia de la tecnología militar más
avanzada y se presentó evidencia de pruebas de nueva tecnología en Donbas,
incluida la cósmica por parte de las autoridades rusas.
Si durante la guerra en Georgia, Rusia no ha tenido
problema en invadir abiertamente el país vecino bajo el pretexto de la
protección de los ciudadanos rusos que viven en Osetia del Sur, Moscú se
abstuvo de utilizar las mismas tácticas en Donbas o Crimea, prefiriendo en
cambio las acciones militares delegadas y negar cualquier participación (Rusia
admitió su implicación en Crimea solo después de que se anexó la península).
Esta estrategia se puede atribuir a la primera característica de las “nuevas
guerras”: el contexto de la globalización. Moscú es miembro de la CEI, Consejo
de Europa, OSCE, Consejo de Seguridad de la ONU, etc. Aprendiendo las lecciones
de la Guerra de Georgia, cuando Rusia pagó internacionalmente la invasión del
país vecino, Rusia adaptó su estrategia militar al entorno internacional:
reinterpretó el derecho internacional (invocando el caso de Kosovo, Crimea fue
anexada tras un referéndum de la población local) y disimulaba su implicación
militar en Donbas, evitando una guerra directa con Ucrania.
A modo de
conclusión…
Rusia no está dispuesta a renunciar a la presencia
militar en las antiguas repúblicas soviéticas, al contrario, pretende aumentarla.
Con contadas excepciones (Azerbaiyán y Uzbekistán), Moscú ha mantenido sus
posiciones militares en esta zona aunque ello implicara el uso de la fuerza o
la violación de la integridad territorial de sus vecinos. Y a diferencia de las
décadas de 1990 y 2000, el ejército ruso ha experimentado últimamente una
modernización no solo de su equipo sino también de sus tácticas y estrategias
militares.
Como se puede notar, hay similitudes pero también
diferencias significativas entre las guerras de Georgia y Ucrania. Ambas
acciones militares se planificaron con antelación: la invasión de Georgia se
preparó en 2006-2007, mientras que la anexión de Crimea y la ruptura del este
de Ucrania parece que se planificaron entre el 4 y el 15 de Febrero de 2014,
semanas antes de que el gobierno ucraniano colapsara; en ambos casos, las
guerras se llevaron a cabo bajo la etiqueta de protección de las minorías
nacionales rusas, sin embargo, la forma en que se desarrollaron las acciones
militares en Ucrania muestra una modernización significativa tanto de las
capacidades rusas como de las tácticas y estrategias militares en comparación
con 2008. Además, Moscú demostró ser más audaces en Ucrania que en Georgia.
Rusia no solo se complació en crear y reconocer la independencia de una
república afín en Crimea, sino que simplemente anexó la península de Ucrania
invocando precedentes del derecho internacional (caso de Kosovo); provocó y
apoyó una guerra a largo plazo en el sureste de Ucrania; para finalmente
culminar con la anexión de todo el Este y Sureste de Ucrania (recuperando la
memoria de la histórica Novorossiya).
La anexión de Crimea y la participación rusa en la
guerra en el sureste de Ucrania han atraído la atención mundial sobre el poder
duro de Moscú y su papel en la conducción de la política exterior en el antiguo
espacio soviético. Lo que más sorprendió fue la velocidad con la que el Kremlin
tomó e implementó decisiones políticas y militares en Crimea, la magnitud de la
campaña de (des)información rusa y la sofisticación de la guerra híbrida en
Ucrania. Todo esto muestra que el Kremlin ha aprendido de las lecciones de
Georgia en 2008, ha modernizado su pensamiento estratégico militar y ha
adaptado sus tácticas para engañar al sistema internacional. E incluso si Moscú
no ha logrado convencer a Occidente con el “precedente de Kosovo”, el “derecho
a la autodeterminación” de los ciudadanos de Crimea, el Kremlin ha logrado
debilitar la solidaridad de Occidente, sembrando dudas y confusión entre los
ciudadanos occidentales sobre la situación en Ucrania debido a la campaña de
guerra de información que ha llevado a cabo con tanto éxito.

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